Historias de Winny de Puh

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Portada de “Historias de Winny de Puh” de A.A. Milne con ilustraciones originales de E. H. Shepard, editado por Valdemar

Esta preciosa edición que la Editorial Valdemar publicó en el año 2000 y reeditó en 2009 recoge los dos libros que el escritor inglés Alan Alexander Milnes publicó entre los años 1926 y 1928: Winny de Puh y El Rincón de Puh. En ellos se recogen las aventuras del oso Winny de Puh y sus amigos en el Bosque de los Cien Acres.

Winny de Puh es un clásico de la literatura infantil, a la altura de los grandes como Peter Pan, Alicia en el País de las Maravillas o El viento en los sauces. Cierto es que sus historias han llegado a nuestros días gracias al enorme empuje de los dibujos de Disney. Pero no hay que olvidar que su origen está mucho tiempo atrás, en Inglaterra, en el seno de una familia, en los muñecos de peluche de un niño inglés. Hoy en el blog os cuento un poquito sobre la obra.

Mi opinión

Llevo ya varias semanas leyendo con mis hijos las “Historias de Winny de Puh”. Desde sus camas escuchan atentos las historias nacidas de la imaginación de A.A. Milne sobre los muñecos de peluche que su hijo, Christopher Robin, tenía.

Puh, Porquete (Pigle), Iíyoo (Ígor), Tigle (Tiger), Kanga (Cangu) y Baby Ruh (Rito), Búho y Conejo: cada uno de estos personajes están acompañándonos en el momento de irse a dormir y nos están haciendo pasar momentos inolvidables.

tedy.jpgLas historias que se recogen en estos libros cuentan las aventuras de un “Oso Edward“. Aquí en España esto nos suena lejano pero es un tipo de oso muy común en Inglaterra, similar al “Oso Teddy” de los EE.UU. Osos de peluche entre marrón y amarillo muy comunes entre los niños en los años 20.

Este Oso Eduardo fue bautizado como Winny por la Osa Winny que vivía en el Zoo de Londres y a la que Christopher Robin tenía un enorme cariño. El niño se llevaba especialmente bien con la osa hasta el punto de que los cuidadores le dejaban pasar a jugar con ella ya que era una osa muy pacífica que le gustaba la cercanía de las personas.

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Pero Winny además se llama Puh, según cuenta el propio autor en la introducción del primer libro, por un cisne que se llamaba Puh al que Christopher Robin quería mucho. Cuando se despidieron del cisne, él y su padre se llevaron el nombre porque “pensamos que el cisne ya no lo iba a necesitar”.

Así este oso pasó a llamarse Winny de Puh. No importaba si “Winny” era el nombre de una Osa porque el oso se llamaba “Winny de Puh” y todos sabemos lo que eso significa. A partir de este oso Milne inventó las historias en las que su propio hijo, Christopher Robin, y sus muñecos de peluche iban a vivir un sinfín de aventuras.

 

Puh es un oso con poco cerebro, como el mismo dice, cantarín, que solo piensa en comer miel a todas horas y que quiere mucho a sus amigos.

puh4Winny de Puh es tan tierno como cualquiera puede recordar a su muñeco favorito. Es ese amigo de la infancia al que abrazábamos constantemente y con el que todo era más fácil de superar: la noche, el pasillo oscuro o un largo viaje.

Pero lo que nos está entusiasmando son los diálogos tan geniales y divertidos, tan llenos de sabiduría y a la vez tan locos y surrealistas. Nos reímos a carcajadas con las expresiones de Puh, con los miedos de Porquete, nos desesperamos con el enorme pesimismo y melancolía de Iíyoo y no podemos aguantar la risa con la supuesta sabiduría de Búho.

Son todas historias muy locas y que cuentan cosas tan sencillas como la celebración de un cumpleaños o tan sorprendentes como la búsqueda y captura de un Pelifante. Para Puh y sus amigos, y para nosotros mientras leemos, son todas aventuras maravillosas llenas de humor y ternura.

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Todos los personajes tienen una personalidad muy marcada pero que se complementa a la perfección con el grupo. Todos forman una familia perfecta en la que no sobra ni falta nadie.

Es estupendo poder leer en voz alta las historias de Puh, pensadas para eso,  nada más y nada menos. No tienen un objetivo moralizante, no pretenden adoctrinar sobre nada ni a nadie. Son pura fantasía centrada en el mundo conocido de un niño que abre la mente a infinidad de posibles aventuras igual de mágicas.

Disfrutar de ratos así, simplemente leyendo, simplemente escuchando, con el único adorno de las magníficas ilustraciones originales de E.H. Shepard, es una experiencia única que os recomiendo que hagáis.

Leer las “Historias de Winny de Puh” es viajar a un mundo feliz en el que ocurren cosas sencillamente divertidas. Es esa clase de lectura que, estoy convencida, crea lectores empedernidos. Siempre nos quedamos con ganas de un poco más, aunque ese día hayamos terminado el capítulo. Puh engancha y no podemos parar de leerlo aunque el sueño nos venza.

puh2Utiliza además un vocabulario rico, plagado de expresiones que posiblemente a veces se les escapen a los niños, pero que no impiden entender la historia. Ayudamos así a los niños a ir ampliando su léxico y a ir sembrando las semillas del que tendrán en el futuro.

Precisamente con el lenguaje es con lo que más juega Milne en las historias de Puh: lo descoloca, lo transforma en boca de Puh o de Búho, lo escribe mal a veces a la manera en que lo escribiría un niño. Pero también los convierte en los poemas y canciones que inventa constantemente Puh, ese oso sin cerebro:

Con nuestro pobre Tigle ¿qué podemos hacer?

Si nunca come nada, nunca podrá crecer.

Con la miel, piñas y cardos las cosas van muy mal

Porque le pinchan mucho o le saben fatal.

Y todos los manjares que a cualquiera le encantan

O bien le dan molestias o bien se le atragantan.

–  Es lo bastante grande, de todas formas – sentenció Porquete.

– No es realmente muy grande

– Bueno, lo parece.

Puh se quedó pensativo al oír esto, y luego murmuró para sí mismo:

Más por muchos chelines que pudiera pesar,

Siempre parece grande, pues brinca sin parar.

– Y este es todo el poema – dijo. ¿Te gusta Porquete?

– Todo excepto los chelines- dijo Porquete – No creo que vaya bien ahí.

– Querían colocarse después de muchos – explicó Puh – así que les dejé hacerlo. Es la mejor manera de escribir poesía, dejar que las cosas se coloquen.

– Ah, no lo sabía – dijo Porquete.

Disfruto como nadie de leer a mis hijos pero hay días y libros que son realmente especiales y “Las historias de Winny de Puh” es uno de ellos. Espero que estos ratos se queden grabados en su memoria como momentos felices igual que lo están siendo para mi.

Datos Bibliográficos

Título: Historias de Winny de Puh

Autor: A. A. Milne

Ilustrador: Ernest H. Shepard

Traducción: Isabel Gortázar y Juan Ramón Azaola

Edición: Valdemar, Colección Avatares (nº 40), Madrid, 2000. 351 pags.

Edad: + 5 años

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Éranse muchas cosas

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Portada de “Éranse muchas cosas” de Lupe Estévez y Maribel Ganso, editado por Kókinos

¿Podemos definir lo que somos cada uno de nosotros con pocas palabras? Si lo pensamos seriamente resulta complicado definirnos. Porque somos un montón de cosas, cosas contradictorias en muchas ocasiones, cosas pequeñas, grandes, normales, extrañas, maravillosas, extravagantes. Sin ese montón de cosas mezcladas no somos lo que somos y por eso cada uno de nosotros es un ser especial y único. Las autoras de “Éranse muchas cosas” han creado una obra asombrosa partiendo de una realidad: que somos un collage. Hoy, a través de “Éranse muchas cosas”, os invito a entrar en un mundo mágico y distinto ¿os venís?

Mi opinión

Miércoles 1 de Noviembre, día de Todos los Santos. Festivo, otoñal y familiar. Nos disponemos a pasar la sobremesa y parte de la tarde en la Primera Feria de Editoriales y Librerías en la Plaza Mayor de Madrid (27 de octubre al 5 de noviembre).

Las familiares casetas que conocemos de la Feria del Libro de Madrid han encontrado un sitio en otoño donde obsequiarnos con esplendidas muestras de libros para todas las edades. De nuevo podemos disfrutar de ese trato cercano que nos ofrecen los libreros y los editores, de la relajación de pasear entre libros, mirarlos, comprarlos, consultar y dejarte aconsejar. Pareciera como si la Plaza Mayor llevara toda la vida con esas casetas allí, con los libros, los libreros y editores regalándote sonrisas y buenos consejos.

La Feria propone varias actividades diarias, firmas, encuentros, presentaciones de libros talleres y cuentacuentos, tanto para niños como para adultos. Y sin pensarlo ni buscarlo nos encontramos con “Éranse muchas cosas”, representación del libro del mismo nombre realizado por las propias autoras. Una puesta en escena maravillosa en la que los niños pudieron disfrutar del viaje de esta niña que vemos en la portada.

© Lupe Estévez & Maribel Ganso

Ilustraciones de Lupe Estévez y Maribel Ganso

¿Pero qué es “Éranse muchas cosas”? Nos cuenta un viaje. Una niña que era muchas cosas, a veces contradictorias, como nos pasa a todos. Dice al comienzo del libro “era una niña y era un gigante, era el viento, era una acrobacia, era un salto mortal, una velocidad sobrehumana…y era una pluma, que cae muy despacio cuando soplas.”

© Lupe Estévez & Maribel Ganso 2

Ilustraciones de Lupe Estévez y Maribel Ganso

Se trata sin duda de un texto poético, sugerente, que en su sencillez nos invita a imaginar lo que nosotros queramos. Son versos evocadores que llegan con facilidad a todo tipo de público, tenga la edad que tenga.

Para acompañar a este hermoso y evocador texto, las autoras han imaginado unos escenarios mágicos por donde llevar a esta niña. Utilizando diversas técnicas de ilustración y diseño gráfico, seguimos a esta niña a través de selvas, mares en calma o embravecidos, montañas escarpadas, volcanes. La vemos como niña, como león, como mariposa o cangrejo. Dejamos de verla entre los pliegues de un mantel o tras un enorme elefante. La vemos en mil repeticiones de si misma, sintiendo mil sentimientos distintos. Porque hay veces que los sentimientos no se pueden expresas simplemente como triste o alegre. A veces te sientes “Frankenstein”, a veces como un amasijo de cables, a veces estas “pixelado” y otras “borroso”, unos días eres un rey y otras un pirata.

Cada nueva página es una propuesta distinta, visual y sensorial. Y precisamente por eso no puedo dejar de hablar de su puesta en escena porque creo que es sorprendente cómo han sido capaces de recrear esta idea maravillosa encima de un escenario.

Una puesta en escena que atrapó a niños de todas las edades, incluidos los niños grandes que estábamos detrás. Música, movimiento, las ilustraciones del libro trasladadas al escenario…y la niña. La niña volando, la niña transformándose, siendo delante de nuestros ojos.

Toda esta explosión de imaginación tuvo su continuación con un taller en el que las autoras habían preparado un pequeño libro donde los niños pudieran crear también escondites para la niña, hacerla sentir de una y mil maneras, o imaginarla rodeada de planetas, lunas o estrellas.

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Los escondites que mis hijos imaginaron para la niña

Esa niña caló hondo en la mente y la sensibilidad de mis hijos, que cuando al día siguiente me vieron aparecer con el libro traído de la biblioteca para poder hacer esta reseña, se entusiasmaron de poder ver en papel aquello que vieron en la Plaza Mayor.

Por la noche pudimos recordar juntos cada una de las ilustraciones-momentos: la larga carretera, la selva, el elefante, la mesa de desayuno, las montañas, el mar. Pude descubrir con alegría lo mucho que recordaban mis hijos de aquella representación que hicieron las autoras. Mi hijo reconocía todas y cada una de las cosas que vio y escuchó y el mismo me iba contando el cuento a través de sus páginas.

Es este uno de esos libros que salen de sus páginas para volar delante de nuestros ojos,  y sus autoras son de esas personas capaces de imaginar cosas extraordinarias y de hacerlas realidad convirtiéndolas en libros como este.

“Éranse muchas cosas” es una obra para disfrutarla una y otra vez, a cualquier edad, en cualquier momento. Una llave para abrir la imaginación de todos.

Datos bibliográficos

Título: Éranse muchas cosas

Texto: Lupe Estévez

Ilustración: Lupez Estévez y Maribel Ganso

Edición: Kókinos, Madrid, 2015.

Edad: + 4 años

 

 

 

Ciudad laberinto

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Portada de “Ciudad laberinto” de Pedro Mañas, ilustrado por Silvia Socolovski, editado por Faktoría K de Libros

No si os ocurre a vosotros pero a mi a veces me resulta complicado defender mi gusto por vivir en una gran ciudad. Te convences de que tienes multitud de posibilidades de ocio, de cultura, laborales y personales, pero en el fondo lo que queda muchas veces es esa sensación de que la ciudad es un gran monstruo que nos obliga a seguir sus normas y de que en ella siempre te sientes un extraño y un tanto solo.

Pero luego llegas a estos poemas que nos propone Pedro Mañas y te reconcilias un poco con todo y empiezas a fijarte más en lo pequeño, en lo que vive a tu lado, y no darle importancia al conjunto, a la inmensidad del monstruo-ciudad. Como si dentro de una gran ciudad hubiera mini-ciudades en las que la vida en comunidad pacífica, tranquila y colorida no sólo es que es posible, es que es real.

Un poco así me he sentido yo leyendo y disfrutando de algunos de los 30 poemas que Pedro Mañas recogió en este Ciudad laberinto, ganador de la segunda edición del Premio de Poesía para Niños “Ciudad de Orihuela” en 2009

Inicia este poemario con el poema que le da nombre y que, posiblemente,  sea el que más me gusta de todos, seguramente porque conecta de pleno con mis experiencias personales. Leyéndolo veo a mi hijo pequeño, verdadero fan de los mapas, más aún si son de un tesoro pirata, pero que disfruta de igual manera si se trata de un camino para llegar hasta una casa de un ratón o a la cueva de un oso.  Con sus cinco años esta en ese momento en el que un palo es una nave espacial, una piedra un coche de carreras y un papel con cinco rayas el mapa de un tesoro maravilloso.

Los mapas y planos tienen algo de mágico: se muestran ante nosotros como una maraña de líneas y manchas que no tienen mucho sentido, hasta que poco a poco nos van desvelando sus secretos. En el poemario, como si de un mapa se tratara, poco a poco vamos descubriendo detalles de esa ciudad, personas, calles, puestos donde venden cosas, incluso si nos acercamos mucho mucho mucho podemos llegar a ver la historia y viaje de un chicle.

Mañas dice en el poema “Ciudad laberinto”:

He pintado un mapa

sobre la solapa de mi libreta.

[…]

Lo pliego y despliego,

lo arrugo y estiro,

lo pinto y despinto,

lo miro y remiro,

y cada vez veo

un sitio distinto:

ciudad hormiguero,

ciudad telaraña,

ciudad basurero,

¡ciudad laberinto!

ciudad_laberinto2A partir de ahí vamos conociendo distintas facetas de esta ciudad en la que, por ejemplo hay rascacielos o, más bien, “Poema rascacielos”, que deberemos de escalar poco a poco para poder leerlo.

Pedro Mañas nos propone, como en otras ocasiones, juegos con el lenguaje, con las palabras, para que suenen y resuenen, para que nos bailen y nosotros bailemos y juguemos con ellas.

Jugaremos, por ejemplo, con tres ciudacertijos, divertidos y juguetones y que son siempre una apuesta segura entre los niños.

Veremos como la ciudad se transforma con las estaciones del año y como, si pones atención, podrás escuchar una orquesta improvisada en la que el guardia de tráfico hace las veces de director de orquesta.

En esta ciudad laberinto no puede faltar el mercado y sus tenderos. Y ahí aparece este “Se vende todo” con una maravillosa lista de la compra:

Quiero un bote de silencio,

medio litro de tormenta,

cuatro cajas de bueno tiempo

y  un kilo de isla desierta […]

También vemos algo de esa realidad de la que hablaba de las grandes ciudades. En “Los hombres hormiga” Pedro Mañas nos compara con las trabajadoras hormigas que no se salen de su fila y que no se miran ni siquiera para desearse un buen día.

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Sabremos también de aquel hombre sin nombre que nadie conoce, ni en su calle, ni en la plaza. Sabremos que a aquel hombre “Le pasa que nada le pasa // al hombre que vive enfrente // de la puerta // de tu casa”.

El autor ha sabido poner en este plano un poco de todo, como en los buenos planos en los que lo mismo te aparece una estación de metro que una farmacia, un colegio o una parada de autobús, un museo o una clínica veterinaria. Nada le falta a esta Ciudad Laberinto, sus cosas bonitas y las feas, sus momentos de luz y de oscuridad, porque así son las cosas, así son las ciudades.

Datos Bibliográficos

Título: Ciudad Laberinto

Autor: Pedro Mañas

Ilustrador: Silvina Socolovsky

Edición: Faktoría K de Libros, Kalandra, Pontevedra, 2010. 60 pags.

Edad: + 8 años

 

Contar leones

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Portada de “Contar leones” de Katie Cotton con ilustraciones de Stephen Walton, Editorial Flamboyant

“Un león se tumba y vigila el ir y venir de su manada. Mientras admira la sabana dorada, algo le llama la atención….la hierva se ha movido. ¿Se acercará un aspirante al trono?. Tensa los músculos, echa hacia atrás la enorme cabeza y se dispone a rugir…, pero no es más que una leona, que vuelve con una presa. 

Se tumba de nuevo a contemplar la inmensidad. ¿Quién sabe lo que ha visto?. Un rey. Un león.”

Con este sugerente y evocador relato comienza el álbum “Contar leones” en el que se nos muestran, en una cuenta del 1 al 10, animales que están en peligro de extinción o amenazados en el planeta. Así disfrutaremos de un instante en la vida de leones, gorilas, pingüinos emperador, cebras, jirafas o guacamayos. Son, como dice su subtítulo, “retratos de animales en libertad”.

Mi opinión

“Contar leones” es muchas cosas a la vez:  es un libro informativo, es un alegato en defensa del reino animal, es una sucesión de relatos sobre un instante de la vida de determinados animales, es una maravilla estética gracias a las ilustraciones de Stephen Walton…es, en definitiva, un regalo para los sentidos.

Si os estáis preguntando si ese león que veis en la foto de cabecera de verdad es un dibujo, una ilustración, os diré que si. ¿Impresionante, verdad?. Pues cuando tienes entre tus manos este álbum la impresión se multiplica por mil.

Pero no podemos dejar todo el mérito de “Contar leones” sólo a la ilustración. Los textos de Katie Cotton van más allá de una simple descripción de determinados animales en peligro de extinción.  La autora inglesa nos muestra un instante en la vida de estos animales. En el texto del león que os ponía al comienzo se puede apreciar a qué me refiero con eso del “instante”: nos describe la actitud del león, vemos su melena en movimiento cuando se dispone a rugir, sentimos su imponente presencia.

Como si de una fotografía se tratara, tanto en lo que se refiere al texto como a la ilustración, los autores han conseguido capturar un instante y lo ponen a nuestro alcance para que todos lo podamos disfrutar de alguna manera.

contar-leones2.jpgSegún avanza la cuenta (un león, dos gorilas, tres jirafas…), nos vamos adentrando en la vida animal, en sus sentimientos, en sus miedos, en sus costumbres. El momento de esos dos gorilas, madre e hijo, es enternecedor. La ilustración lo dice todo, pero el texto termina de ayudarnos a hacer nuestro propio dibujo imaginario de la situación.

Se trata de un álbum, si. Ya hemos dicho muchas veces en el blog a qué nos referimos con la denominación de “álbum”: libro ilustrado en el que texto e imagen se complementan. “Contar leones” para mi es álbum ya que esas imponentes ilustraciones a carboncillo son un complemento indiscutible al texto, y el texto no diría lo mismo sin la imagen que le acompaña. Os pongo un ejemplo: Diez cebras, de las que se dice que tienen sed y se acercan a una balsa a beber pero con los oídos y los ojos bien abiertos; mientras, en la ilustración, vemos esas orejas tiesas escuchando, esos ojos mirando de reojo, quizá a nosotros mismos que las observamos. Un auténtico retrato a través de la escritura y de la ilustración.

Para satisfacer la necesidad de información de todo tipo de lectores, al final del álbum los autores nos dan información más detallada sobre cada uno de los animales presentados: su categoría de protección, en qué parte del planeta habitan, sus costumbres y alimentación, el número de ejemplares que existen en la actualidad, etc.

Pero aún hay más porque además nos ofrecen la posibilidad de aprender más sobre estos animales acudiendo a distintas páginas web como la de National Geographic, WWF o Animal Diversity.

contar-leones3.jpgY si todo esto no fuera suficiente, el álbum cuenta con un magnífico prólogo de Virginia McKenna, conocida por su faceta de actriz (protagonizó, entre otras, la película “Nacida libre” junto a su marido Bill Travers) y que en la actualidad sus esfuerzos están volcados en la protección y defensa de los animales y de su vida en libertad. En 1991 fundó la Born Free Fundation dedicada a la protección y defensa de los animales en todo el mundo.

En este prólogo McKenna cuenta leones literalmente. Cuenta los que llegó a haber en el pasado y los que quedan. Y cuenta elefantes, y tigres. Nos cuenta que somos los seres humanos los que estamos consiguiendo que esas cuentas no salgan y que cada vez existan menos especies en el planeta. Ella habla de estas criaturas así: “Todas son hermosas y todas desempeñan un papel esencial en la creación y la protección del mundo natural. Cada una de ellas es un regalo de valor incalculable. No hay que menospreciar a ninguna“.

En nuestras manos está la posibilidad de concienciar de ese valor a las siguientes generaciones y libros como estos ayudan en esa labor.

Un libro para disfrutarlo con calma, recreándonos en cada uno de los animales, en lo que nos cuentan de ellos, en cómo son y cómo los ha dibujado Stephen Walton. Un libro para reflexionar sobre lo que estamos haciendo con ellos y lo que podemos hacer para frenarlo.

Datos Bibliográficos

Título: Contar leones

Autor: Katie Cotton

Ilustraciones: Stephen Walton

Prólogo: Virginia McKenna

Traductor: Carlos Mayor

Edición: Editorial Flamboyant, Barcelona, 2016. 36 págs.

Edad: + 4

Blancanieves ilustrada

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Portada de “Blancanieves” de Jacob y Wilhelm Grimm ilustrado por Benjamin Lacombe para la Editorial Edelvives

Siempre resulta curioso ver como los cuentos tradicionales se van adaptando a los tiempos, tanto en lo que se refiere la historia en sí, como a la imagen que nos sugiere.

Uno de los clásicos más conocidos es Blancanieves y con el paso de los años es difícil, incluso para las nuevas generaciones, separar la imagen que Disney creó de la niña Blancanieves. Pero la ilustración asociada a la literatura infantil está adquiriendo una importancia cada vez mayor y con ello nuestro imaginario de personajes se va modificando. Aun sin conseguir que no asociemos la imagen de Blancanieves con la de Disney, al menos tenemos a nuestro alcance nuevas opciones a las que recurrir, y todas ellas con una alta calidad artística.

Hoy queríamos fijarnos concretamente en dos versiones de Blancanieves con dos ilustraciones muy diferentes pero que nos han llamado la atención por esa calidad artística de la que hablamos.

La primera de ellas es la versión de Benjamin Lacombe. El texto reproduce la versión del clásico de Jacob y Wilhelm Grimm. En esta versión, editada por Edelvives,  la malvada madrastra intenta asesinar a Blancanieves en tres ocasiones distintas: con un corsé, con un peine y, finalmente, con una manzana.

blanca_lacombe1La obra del ilustrador francés Benjamin Lacombe es muy reconocible. Se caracteriza por un aire casi caricaturesco de sus personajes, envueltos por un ambiente difuminado que le da un aire romántico y de ensoñación. Los ojos: grandes, rasgados, expresivos.

Destacan aquí los de la madrastra, que transmiten toda la frialdad que guarda su corazón. En una de las primeras ilustraciones podemos ver a la madrastra contemplándose en el espejo. Lacombe no muestra ese espejo, solo a la madrastra enfrentada consigo misma, con una especie de collar de serpientes que le envuelve, y esa fría mirada clavada en su propio reflejo.

blanca_lacombe3Blancanieves, sin embargo, es dulce, con un aura de tristeza casi constante, con el pelo “negro como el ébano” y los labios “rojos como la sangre”. Ese color rojo invade cada ilustración del álbum, ya sea en la propia Blanca como en los gorros de los enanos, en el pico de los pájaros y en la mortal manzana.

A través de la ilustración podemos apreciar detalles de la historia como la protección que brindan los animales del bosque a Blancanieves, que Lacombe resume en una ilustración en la que todos los animales se enroscan alrededor del cuerpo de la niña.

Otra de las insinuaciones de Lacombe es la idea de la muerte, que el representa a través de un cuervo que aparece en una ilustración magnífica en la que el corsé de Blancanieves, ese con el que la madrastra la quiere asfixiar, es una jaula con un cuervo en su interior. Sólo vemos la mirada de terror de Blanca y las manos que atan el corsé, pero con eso es más que suficiente.

Alterna con algunas ilustraciones en blanco y negro, realizadas a tinta. Una de las que más me gustan es en la que se ve a Blancanieves barriendo , y con su escoba barre y desbarata aquello que los enanitos le decían para protegerla: “Sobre todo, ¡no dejes entrar a nadie!”. Sus palabras, por desgracia, se barren también de la mente de la niña, que confiada e ingenua, caerá por tres veces en la trampa de la malvada madrastra.

Todo lo que acompaña al texto de los hermanos Grimm en esta versión engrandece la historia. El tamaño del álbum, las magníficas ilustraciones nacidas del genio de Lacombe, el papel incluso, de alto gramaje, hacen de esta obra una joya que atesorar, más enfocada a un público de mayor edad, entre adolescente y adulto, para apreciar todos estos recursos artísticos.

Pero aun así, no hay que privar a los niños de esta maravilla y su contemplación porque ayudan a crear otros imaginarios para Blancanieves, lejos de esos colores primarios (rojo, azul, amarillo) y del brillo de la imagen clásica de Disney.

La segunda versión es la que realizaron la autora inglesa Josephine Poole y la ilustradora Angela Barret en 1991 y que nos llegó a España gracias a Kókinos en el 2007. Las dos autoras han colaborado hasta en tres ocasiones, con las obras Juana de Arco y El Diario de Ana Frank además de esta Blancanieves, y en todas han conseguido crear obras maravillosas con una gran sensibilidad, tanto en el texto como en la ilustración.

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Ilustración de Angela Barret para Blancanieves, de Josephine Poole, Editorial Kókinos

Josephine Poole ha adaptado la versión de los hermanos Grimm para darnos algunos detalles de la vida de la niña a lo largo de la historia.

Pero centrémonos en la ilustración, tema al que hoy queremos dar relevancia. En este caso, Angela Barret nos presenta una ilustración muy clásica en la que Blancanieves no parece tanto una niña como una joven adolescente. Sus dibujos están plagados de detalles que hacen de algunas escenas, como el cuarto de la niña que se nos presenta en las primeras páginas, lugares acogedores.

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Ilustración de Angela Barret para Blancanieves

Son todas las ilustraciones de gran tamaño, ocupando gran parte de la doble página, envolviendo el texto, o en ocasiones, a doble página completa, cediendo todo el protagonismo a la ilustración.

Los tonos utilizados por la ilustradora son, en general, muy oscuros. Sólo en esta escena del baile con su profesor en las habitaciones de la niña vemos una escena con más luminosidad. Y no volveremos a ver esta luz hasta el final en el que un cielo azul acompaña la boda de Blancanieves y su principe.

Pero no os engañéis, porque la oscuridad no está reñida con la belleza. Y el resto de las ilustraciones, de esos pequeños cuadros que recuerdan ligeramente a la pintura del romanticismo y a los paisajes ingleses.

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Ilustración de Angela Barret para Blancanieves

Y a pesar de esa oscuridad Angela Barret siempre deja un pequeño foco de luz que ilumine el rosto de Blancanieves. Ella resalta siempre sobre todo lo demás en las ilustraciones. Y tanto la resalta que la malvada madrastra queda como en un segundo plano. Aparece de muchas maneras, orgullosa y prepotente frente a su espejo, oculta bajo una gran capa junto al cazador cuando le manda asesinar a la niña en el bosque, disfrazada de bruja alejandose después de intentar asfixiar a Blanca con una cinta, o de anciana vendedora de abalorios. Pero en casi todas las escenas aparece en un segundo plano, cediendo todo el protagonismo a la niña Blanca.

Aun así es maravillosa la manera y riqueza de vestuarios, peinados y maneras de aparecer que le da a la madrastra, en contraste con la sencillez de Blancanieves que siempre se nos muestra con el pelo negro suelto y largo y un sencillo vestido blanco.

Detalles todos relevantes para apreciar el trabajo que hay detrás de trabajos como este. De nuevo se nos presenta otra imagen de esta niña, otra manera de entender el cuento y de valorar su importancia en la tradición literaria de la humanidad.

Un cuento que podemos contar a niños a partir de 6 o 7 años (por su extensión han de tener esta edad para mantener la atención) porque la historia la conocen pero les faltan detalles y momentos y porque leer en voz alta siempre es un lujo que los niños no deben perder. Y con obras como estas además, les mostramos obras de arte con las que alimentar su imaginación, su sensibilidad frente a las expresiones artísticas, sean de la clase que sean.

Datos Bibliográficos

Título: Blancanieves

Autor: Jacob y Wilhelm Grimm

Ilustrador: Benjamin Lacombe

Edición: Edelvives, Madrid, 2011


Título: Blancanieves

Autor: Josehine Poole

Ilustador: Angela Barret

Edición: Kókinos, Madrid, 2007