¡Malacatú!

Portada de “¡Malacatú!” de María Pacual de la Torre, editado por A buen paso

Una tarea cotidiana como es lavarse los dientes, desencadena una oleada de conjuros en la cocina entre un niño y su madre. Una cocina que participa activamente de esta colección de sortilegios, convirtiéndose en el escenario de una auténtica batalla. Madre e hijo, que han llegado a ese punto de “hasta aquí hemos llegado”, desatan su ira y sueltan por su boca todo eso que llevaban acumulado durante ¿días?, ¿horas?…una batalla doméstica con momentos desternillantes en la que todos nos podemos ver un poco reflejados.

Mi opinión

Las guardas, ¡ay las guardas! Tanta vida tras de ellas y cuánto juego están aportando a los autores de álbum ilustrado en esta nueva época que les ha tocado vivir. Son escenario de nuevos comienzos, de segundos finales, de primerísimos inicios, de conclusiones posibles e imposibles…son en definitiva un recurso magnífico del que ya casi nadie que disfrute de esto de los álbumes deja de prestar atención.

En esta ocasión todo comienza cuando la puerta de la cocina se abre en esa guarda inicial, dejando pasar a un niño con un deslumbrante tupé que nos da alguna pista ya de su enorme personalidad, cargado hasta arriba de juguetes. Unos juguetes que la gran mayoría, grandes o pequeños, reconoceremos de antes, de ahora, de siempre. Playmobil, dinosaurios, caballos, star wars, y hasta Peppa Pig componen un escenario que comienza con una cocina tranquila, ordenada, hogareña y repleta de vida.

Esa guarda inicial nos sitúa, nos recibe con los brazos abiertos y nos invita a visitar este hogar cargado de realidad: una coliflor y un salmón esperan en la mesa de la cocina, ollas, cacerolas y una cafetera sobre el fuego, tazas y platos, botes de cristal y una hermosa mecedora de las de toda la vida. Calor de hogar y pájaros cantores en la ventana…un escenario idílico si no fuera porque….

Imagen del libro “¡Malacatú!” de María Pascual de la Torre, Editorial A buen paso

Y es que, una vez que hemos pasado la portada, en escena aparece mamá. Cargada con un cepillo de dientes que intuimos no se ha usado y no se tiene intención de usar. En la mano del pequeño la pasta de dientes y en la mirada de los dos el desafío: ¡¿a que no?! ¡¿a que sí?!

Comienza la batalla. Pero no con cualquier conjuro, no. La tradición se abre paso y nos trae sus retahílas y trabalenguas que magistralmente encajan a la perfección en los espeluznantes hechizos con los que se atacan madre e hijo: Plasta, plastable, sipilitable…chancho, chanchijo, sipilitijo…

Los sortilegios causan efecto en el contrincante que pasa a convertirse en un gigante cepillo de dientes la madre y en cerdo enfadado el hijo…¡animal de bellota le ha dicho su madre!


Imagen del libro “¡Malacatú!” de María Pascual de la Torre, Editorial A buen paso

La cocina vive a la vez batallas paralelas protagonizadas por los juguetes; estas que nos darán más que un rato entretenido retrocediendo una y otra vez para ir de una a otra y tiro porque me toca…Me encantan estas obras que tienen tanto detalle de ilustración y que te permiten crear historias paralelas con estos pequeños personajes secundarios.

Pero no solo hay dos focos de atención a los que prestar atención. ¡Son tantos!: por la ventana vemos llegar al padre y vemos también a unos tranquilos pajarillos que van y vienen. Tenemos en la cocina como principal espectador al gato, que pasado un instante de pánico inicial se dedica a sus cosas como suelen hacer normalmente los gatos, dejando por imposibles a los superficiales humanos.

La disposición a página completa y alargada de las ilustraciones nos ayuda a crear esa sensación de espectadores de un escenario. Además, la alternancia de sortilegio mágico en una página y resultado del mismo en otra sin palabras, le da agilidad y ritmo a la historia, un ritmo que no es trepidante sino de una tensa calma que se siente en el ambiente de esa cocina. Da tiempo a recrearse un poco en los detalles, aunque sabemos que volveremos sobre ellos para recrearnos más tranquilamente, porque ahora no podemos dejar de pensar en cuál será el siguiente ataque y en qué se convertirá el contrincante.

Se puede imponer aquí, si se lee el álbum en pareja o grupo, el decantarse por un bando. Ninguno de los dos tiene desperdicio porque cualquiera hemos tenido esa sensación de que a nuestra madre nunca se le escapa ni un piojo y que estás muy harto de ese reojo…pero claro, ese ¡Cuidado! ¡Que te caes! ¡Te caíste!….si es que lo clava. Ya ya, que se me ve la vena de madre, pero es que…..

Hay sonoridad, rimas ingeniosas, agudas, buscando el “meter el dedo en el ojo” del rival, porque están en ese momento de “mira que me tienes frito/a”. Una batalla de palabras, de rimas, de veremos quién dice la más gorda. Dice la autora que a ella se le antoja un rap, una batalla entre raperos. El estilo, lo que se cuenta y el entorno, la situación si que lo recuerdan. Yo (será por la edad) no lo escucho así y me vienen más a la memoria las burlas que inventábamos de pequeños, tanto en las palabras como en las formas. Pero da igual cómo se cuente o se escuche porque cada uno le pondrá lo que sus vivencias le sugieran.

La bola se va haciendo cada vez más grande. Pero es la familia y por mucho ruido que se forme, al final sale el cariño y la sonrisa que todo lo puede y hace que el mundo vuelva a su lugar.

Y al final llegamos de nuevo a la guarda, la que nos permite despedirnos del escenario, ver si todo está igual si han quedado restos de la batalla. Cerramos la puerta tras nosotros con la clara idea de que no vamos a tardar mucho en volverla abrir para buscar las mil y una historias que aún quedan en esa cocina.

Datos bibliográficos

Título: ¡Malacatú!

Autora e ilustradora: María Pascual de la Torre

Edición: A buen paso, Barcelona, 2018. 44 págs.

Edad: + 3 años

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Cuentos de así fue

Portada de “Cuentos de así fue” de Rudyard Kipling, adaptados por Elli Woollard, traducidos por Miguel Azaola e ilustrado por Marta Altés. Editado por Blackie Books

¿Cómo consiguió el elefante una trompa tan larga?, y el dromedario ¿Tenía desde siempre su joroba?. ¿Cómo consiguieron los gatos ser tan independientes y libres? Todo tiene su por qué si lo pensamos detenidamente.

Mi opinión

Una de las cosas que más se recuerdan de los hijos cuando son pequeños es la época de los ¿Por qué?. Pueden llegar a sacar de quicio hasta el más santo, sinceramente. Ellos necesitan entender un montón de cosas nuevas que no conocen y tu intentas darle una explicación que ellos entiendan, pero a veces sinceramente no sabes…Siempre he defendido la sinceridad del “no lo se”, porque te humaniza ante sus ojos, te hace de verdad, o al menos eso me parece a mi.

Porque está bien eso de que tus hijos te crean “super”, el más fuerte, el más listo, el que mejor cuenta los cuentos, el que mejor canta y el que mejor hace la sopa de sobre. Pero la verdad es que a veces nos confundimos, nos caemos, lloramos, no sabemos hacer algo o no entendemos de todo. Así es la vida y también se enseña con el ejemplo de ver como superar esos pequeños o grandes baches.

“Cuentos de así fue” Ilustraciones de Marta Altés

Pero no saber contestar a un “¿por qué” puede ser una buena alternativa para dejar volar nuestra y su imaginación para llegar a una respuesta posible…o imposible pero, tan bien contada y argumentada, que podría llegar a ser real.

Aún recuerdo las historias que mi padre se inventaba cuando le asediaba a preguntas sobre cualquier cosa. El ponía esa cara de seriedad forzada que me hacía saber a ciencia cierta que a continuación venía una historieta de las suyas. Y empezaba la magia…

Leyendo estos “Cuentos de así fue” del escritor británico Rudyard Kipling reinventadas en rima por Elli Woollard y traducidas espléndidamente por Miguel Azaola, he recordado en parte esa sensación de escuchar historias locas pero que intentaban dar una explicación coherente a las preguntas.

“Cuentos de así fue” Ilustraciones de Marta Altés

Estas historias son divertidas, imaginativas y nacidas desde el amor, lo que se nota desde el principio a fin. Son, como los editores publican en la contraportada, historias que el autor le contaba a su hija para irse a dormir.

Para aquella niña estas historias eran reales, era la explicación que ella necesitaba para entender su mundo y las quería escuchar siempre de la misma manera, una y otra vez. Claro, que la ventaja es que las contaba el autor de “El libro de la selva”, y su imaginación parecía no tener límites.

Las historias originales te atrapan desde la primera línea. Repeticiones al más puro estilo de los cuentos tradicionales, diálogos desternillantes entre los animales, y explicaciones a los rasgos más característicos de algunos animales realmente originales, brillantes e imaginativas. Todo tiene la coherencia que los niños necesitan y piden. Con una narración ágil, plagada de guiños e interacciones con el lector.

En esta edición reinventada publicada por Blackie Books se suma la rima, que imprime un ritmo en cada historia que las hace ideales para ser contadas a niños desde 5 años o menos.

Las ilustraciones de Marta Altés, autora de “Soy un artista“, “El rey de la casa” o “Pequeña en la jungla“, son el complemento perfecto. Coloridas y divertidas, recrean ese mundo que el autor nos presenta e imprimen en los animales la vida que el autor les dio a través de su historia de transformación.

Un dromedario algo vago, una ballena glotona o un elefante un poco preguntón son algunos de los personajes que vamos a conocer en esta edición de los “Cuentos de así fue“.

Un libro hermoso, que dan ganas de contar en voz alta, de aprender y relatar una y otra vez y que siempre tiene al público entregado, tengan la edad que tengan. Historias que no tienen edad y que gracias a estas revisiones hechas con tanto gusto y cariño, van a seguir de boca en boca, de casa en casa durante años y años.

Datos Bibliográficos

Título: Cuentos de así fue

Autor: Rudyard Kipling

Adaptación: Elli Woollard

Traducción: Miguel Azaola

Ilustración: Marta Altés

Edición: Blackie Books, Barcelona, 2018. 96 págs.

Edad: + 3 años

Una visita de San Nicolás

Portada de “Una visita de San Nicolás” de Clement C. Moore, Ilustraciones de Arthur Rackham y Ilse Bischoff, Editado por Reino de Cordelia. Traducción de Luis Alberto de Cuenca
"Twas the night before Christmas, when all through the house
Not a creature was stirring, not even a mouse."

Estos son los famosos primeros versos del poema “A visit from Sant Nicholas”, un clásico de la literatura anglosajona que se publicó de forma anónima hacia 1823 y que en España publicó en 2013 la editorial Reino de Cordelia bajo el título “Una Visita de San Nicolás”.

¿Pero que hay tan especial en este pequeño librito? La verdad es que para mi ha sido el gran descubrimiento de estas Navidades. Con él los editores de Reino de Cordelia felicitaron las Fiestas de Navidad en 2013 y, además de ser una original forma de felicitación, supuso el comienzo de la nueva colección Snacks de Cordelia.

Pero además, la publicación de “Una visita de San Nicolás” supuso la primera traducción al español en un volumen como este que se ha realizado. Pero además es que la traducción que Luis Alberto de Cuenca ha hecho es de una calidad y una calidez, está hecha con tanto gusto y cuidado que el resultado es una pequeña maravilla.

Al estupendo texto acompañan las ilustraciones de dos grandes ilustradores como fueron Arthur Rackham, conocido como uno de los más famosos ilustradores clásicos de libros infantiles ingleses, y Ilse Bischoff, autora americana, retratista, ilustradora y escritora.

La mezcla de los dos estilos de estos ilustradores resulta muy curiosa y atrayente. Rackham, con ilustraciones clásicas muy coloridas y siluetas a tinta, así como dibujos hechos con pluma, le aporta un toque clásico y muy elegante. Las xilografías coloreadas de Ilse Bischoff, con trazos más sencillos y más actuales, utilizando solo 3 colores, le da un toque divertido y más entrañable.

Pero estas dos visiones tan particulares de San Nicolás nos muestran al fin y al cabo toda la iconografía que ha llegado hasta nuestros días y que el autor, Clement Moore describe a través de sus versos.

En ellos encontraremos por primera vez escrito cómo es el San Nicolás de la tradición europea: un hombrecillo con barba blanca, que fuma una pipa, va vestido de pieles rojas y tiene una constante sonrisa amable en la cara y una gran barriga que se mueve cuando se ríe. Un saco con juguetes a la espalda le acompaña así como sus renos y su trineo.

Y es que la tradición de San Nicolás llegó a América desde Europa a través de las colonias holandesas que se formaron en algunas zonas de Estados Unidos. Allí se celebraba a principios de diciembre la fiesta de Sinterklass, que se transformó al inglés como Santa Claus. Sinteklass, Santa Claus, San Nicolás o Papá Noel tienen su origen en San Nicolás de Bari, Obispo católico que falleció el 6 de diciembre del 343 y del que, a partir de su muerte, surgieron multitud de leyendas e historias atribuyéndole milagros.

Clement C. Moore, escritor y profesor de literatura griega y hebrea, escribió este poema para sus hijos a los que se lo leía en Nochebuena. Un día un amigo suyo decidió enviarlo para su publicación en un periódico de forma anónima. Fue tal la acogida del poema que se publicó en forma de pequeño libro acompañado de ilustraciones, pero siempre de forma anónima. Hasta que en el año 1844 el propio Moore lo incluye en su recopilación de Poemas, atribuyéndose así definitivamente su autoría.

Una preciosidad digna de convertirse en regalo navideño. Lo imagino en una pequeña caja forrada de terciopelo rojo…ahí lo dejo por si alguien tiene aún un hueco en su carta al ser maravilloso al que decida pedirle deseos…eso ya depende de cada cual.

Y con él cada año poder leer la noche antes de Navidad:

Nochebuena en la casa: no hay un sólo rincón
en el que alguien se mueva, ni siquiera un ratón. 
Los calcetines pueblan, pulcros, la chimenea, 
porque San Nicolás venga pronto y los vea. 



Desde Cuentos para Matilda solo nos queda desearos unas muy Felices Navidades y esperamos de corazón que el 2019 sea un gran año para todos.

Datos Bibliográficos

Título: Una Visita de San Nicolás
Autor: Clement C. Moore
Ilustradores: Arthur Rackham e Ilse Bischoff
Traducción: Luis Alberto de Cuenca
Edición: Reino de Cordelia, Madrid, 2013
Edad: + 1 año

Martes

Portada de “Martes” de David Wiesner editado por Océano Travesía

Un martes por la tarde, al rededor de las 8, algo extraño ocurre en la laguna. Los nenúfares, cargados de grandes ranas que duermen plácidamente, levantan el vuelo con su peculiar carga sobre ellos. Como si de una bandada de pájaros se tratara, los anfibios recorrerán las calles de una ciudad cercana. 

Mi opinión

No sabéis el fastidio que me supone tener rondando por casa un álbum que tengo ganas de reseñar y no tener el tiempo suficiente para hacerlo en condiciones. Varias veces desde hace dos semanas voy con él en la mano de un lado para el otro de la casa intentando ir recopilando notas mentales para luego plasmarlas en la reseña. Pero por fin he encontrado el momento para dejar que las palabras…vuelen. 

Hacía bastante tiempo que no daba con un álbum que me entusiasmara tanto y desde su primera página. Mejor dicho, desde su cubierta, porque ese gran reloj me atrapó nada más verlo. Daba la impresión de que el intrépido Peter Pan iba a pararse en una de sus agujas en cualquier momento. Las grandes letras del título, la oscuridad de la noche, los nenúfares tan solo asomando ligeramente, tanto que en una primera impresión puedes no darte cuenta de qué son ni qué hacen ahí, todo le daba un halo de misterio por el que me dejé llevar. 

Algo más fuerte que tú te hace abrir el álbum para saber qué pasa en ese martes y a esa hora. El autor, con gran inteligencia por su parte, nos ofrece un previo antes incluso de la portada con el que engancharnos definitivamente en la lectura y ponernos en situación de lo que a continuación vamos a vivir. 

Los cuentos siempre tienen un ritmo interno y si no lo tienen normalmente algo falla. En todos los cuentos de tradición ese ritmo se percibe de forma inmediata con repeticiones, retahílas, versos que se repiten y sobre todo, con los números, principalmente el tres.

Ilustración de David Wiesner

David Wiesner, autor que nos ha demostrado que sabe mucho de ritmos y también de  cuentos tradicionales, ha introducido ese número tres también en esta obra de forma curiosa a través de la ilustración. Alternándose con grandes ilustraciones a doble página y a sangre, el autor introduce tres imágenes más pequeñas, a veces solas en una página, a veces superpuestas sobre otra más grande. En ellas podemos ver algunos primeros planos que, a modo de lupa, nos muestran detalles que no debemos perdernos de la escena general. 

En otras ocasiones la trilogía de imágenes sirve para acercar una escena (zoom hacia adelante) y en otras para crear movimiento lateral, convirtiéndose en una especie de fotogramas que al verlos seguidos transmiten movimiento espacio-temporal. 

Es tanta la información que nos aportan las ilustraciones que solo son necesarias un par de frases, simplemente para situarnos en el momento de la noche en el que estamos. Todo lo demás está ahí, flotando en el aire. 

Como toda historia, tenemos personajes, algunos protagonistas evidentes, otros secundarios necesarios. A los protagonistas los conocemos pronto, en ese previo que el autor nos regala. Pero a los secundarios hay que buscarlos y ese juego nos llevará a sucesivas lecturas para encontrar nuevos secundarios que se nos han podido escapar. Me gusta especialmente cómo empieza la historia, en el “segundo empiece”, con esas tres ilustraciones en las que con un zoom hacia adelante nos enseña la mirada de extrañeza e incluso miedo de una pequeña tortuga. 

Ilustración de “Martes” de David Wiesner

Y por supuesto el humor, que se entremezcla con el misterio inicial y se va abriendo paso página a página hasta el final y los posibles siguientes finales. Primero son sutiles miradas de algunos protagonistas, caras graciosas y en general, todo lo cómico que puede resultar la situación que estamos contemplando. Pero en cuanto empiezan a parecer esos secundarios de los que hablaba la cosa se va poniendo cada vez mejor. Situaciones cotidianas como puede ser una cena ligera a altas horas de la noche o una cabezadita mientras vemos la tele, se vuelven surrealistas y desternillantes. Esos “diálogos” que es establecen, sin texto, entre los protagonistas y el resto de personajes hacen que la lectura se vuelva tremendamente divertida. 

Una obra publicada originalmente en 1991 pero que hasta 2011 no pudimos disfutarla en nuestro país. Su autor, ganador en tres ocasiones de la Medalla Caldecot de ilustración, es el creador de obras tan conocidas como “Sr. Minino” o “Los tres cerditos”, revisados con una visión muy particular del cuento. 

Un autor de reconocido prestigio que merece mucho la pena conocer y ahondar en su obra porque todo lo que toca lo hace mágico. 

Datos Bibliográficos

Título: Martes

Autor e ilustrador: David Wiesner

Edición: Océano Travesía, Barcelona, 2011. 

Edad: + 6 años

El árbol de la escuela

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Portada de “El árbol de la escuela” de Antonio Sandoval y Emilio Urberuaga

Pedro descubre un día en el patio del colegio un pequeño arbolito. Se le ve tan débil y solo que no puede evitar acariciar su delgado tronco. Justo en ese momento una hermosa y verde hoja brota del árbol entre las medio secas y pocas hojas que tenía. Pedro se queda tan asombrado con aquello que no puede olvidar al árbol. Sin embargo su maestra cree que debe dejar tranquilo al árbol, que lleva mucho tiempo en el patio y necesita que le cuiden dejándolo tranquilo y apartándose de él. Pero Pedro ya no puede dejar solo a su nuevo amigo y decide regarlo. Al hacerlo otro montón de hojas verdes brotan de sus ramas. A los pocos días el niño abraza al árbol y este reacciona creciendo más y y naciéndole más hojas grandes y fuertes. Nada puede evitar que Pedro quiera darle cariño al árbol de su escuela.

Mi opinión

Pienso que hay dos formas de hacer las cosas: una, por el deber, la obligación, responsabilidad o porque toca, y otra porque algo en nuestro interior nos impulsa a hacerlo. Si esto lo aplicas a cualquier cosa en la vida te das cuenta de que las que más se disfrutan y las que normalmente mejor salen son las segundas. Las primeras puede que salgan perfectas porque nosotros somos exigentes con nosotros mismos y ponemos todo nuestro empeño. Pero estaréis conmigo en que las cosas, cuando salen de dentro, son mil veces más agradecidas de hacer y disfrutar haciéndolas y además, aunque salgan reguleras será un placer que sean así porque serán nuestras.

Cuando cuentas un cuento, sea para un gran público o para el petit comité de tus hijos, sobrinos o nietos, esta división es muy muy evidente. Por mucho que tu pongas todos los sentidos y emociones en contar un cuento, si este no te gusta (aunque solo sea esa parte del final que parece que no deja clara la conclusión, o ese personaje incordioso que no sabes qué pinta ahí, o esa expresión extraña que hay a la mitad) nunca va a salir bien. Puede que tenga gracia en algún momento, o que consigas mantener la atención hasta el final pero no emocionará ni te emocionará del todo.

arboldelaescuelaSin embargo si el cuento es “el cuento”, si traspasa cada capa de ti mismo y consigue llegar a lo más profundo, a tocar las fibras, a hacerte temblar por dentro, de risa o de llanto, de amor, ternura o miedo, entonces y solo entonces ese cuento llegará de la misma manera o parecida a todo aquel que te escuche.

El árbol que crecía en mitad del patio del recreo del colegio de Pedro, nuestro protagonista, necesitaba ese sentimiento para que la sabia corriera por todas las partes de su débil tronco e hiciera brotar una hermosa hoja verde. Necesitaba un abrazo de verdadero amor para poder dar lo mejor de si mismo.

Por eso Pedro no podía dejar de pensar en aquel árbol triste de mitad del patio. Su conexión con el árbol había sido capaz de hacer crecer una hoja en un árbol que parecía seco. Esa conexión no podía desaparecer por mucho que su maestra le ordenara dejarlo tranquilo. Algo más fuerte que él le pedía que siguiera cuidando del árbol.

De la misma manera cuando encuentras un cuento que te llega y te hace sentir feliz al compartirlo, no hay nada que te frene para querer contarlo a todas horas. Hacer las cosas cuando salen tan de dentro es adictivo y no puedes más que intentar convencer al resto del mundo de que lo pruebe alguna vez y descubra lo maravilloso que puede llegar a ser.

El árbol agradece a su manera y el niño, Pedro, decide seguir adelante ayudando a su nuevo amigo. De la misma manera el cuento, al sentirse querido y cuidado, crece y cada vez que se cuenta brota en el una nueva hoja verde que compartir con quien te escucha.

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El amor que sentía Pedro por aquel árbol se propagó entre sus compañeros y sus maestros y todos quisieron demostrarle su cariño a aquel extraordinario árbol. El árbol paso a ser núcleo, punto de encuentro, intersección donde los alumnos y miembros de la escuela se juntaban para hacer cosas en común: leer, escribir poemas o fabricar nidos para los pájaros. Los cuentos de igual manera nos reúnen y nos unen en torno a ellos. Para cada uno, en su imaginación, el cuento dirá cosas diferentes e inspirará escenarios y evocaciones distintas pero en suma el cuento está consiguiendo aunarnos en torno a un montón de sentimientos parecidos.

Cuando nos cuentan un cuento tan bien contado y tan sentido que te llega a lo más profundo te sientes feliz, aunque la historia en cuestión te haya removido heridas de dentro, recuerdos tristes o dolorosos. Pero el hecho de haber llegado tan adentro hace que la conexión sea total.

Por eso, porque te hace sentir tan bien, te gustaría que le ocurriera a todo el mundo. Por eso Pedro y sus compañeros quieren que otros niños en otros colegios tengan un árbol como el de su escuela, para que puedan sentir por dentro esa dicha tan grande de tener algo extraordinario.

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El amor que mueve el mundo y que nos une a todos. La convicción de estar ante un hecho extraordinario y el sentimiento de que ese hecho no puede quedarse en ti sino que lo tienes que compartir con todos los que te rodean. Todo eso cuenta “El árbol de la escuela”, todo eso y mucho más. Un texto sencillo y directo el de Antonio Sandoval, sin dobleces de ningún tipo. Una ilustración siempre tierna y llena de color como es la del gran Urberuaga que crea un espacio, el del recreo, en el que ocurren un montón de cosas a lo largo del tiempo y somos capaces de ver ese tiempo pasar y sentir todas esas cosas.

Una hermosa historia sobre la naturaleza, el amor, la infancia y el sentimiento de comunidad, el compañerismo y el amor desinteresado, la compasión y las ganas de compartir. Un cuento que te mueve por dentro, que llega y que no puedes evitar querer que todo el mundo lo conozca para sentirse feliz igual que tu al terminar de leerlo.

Datos Bibliográficos

Título: El árbol de la escuela

Autor: Antonio Sandoval

Ilustrador: Emilio Urberuaga

Edición: Kalandraka, Pontevedra, 2016. 44 págs.

Edad: + 5 años