¡Por favor, no te vayas!

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“[…] Luego empezó a pensar en todas las cosas que Christopher Robin querría contarle cuando volviese de donde fuera a irse, y lo complicado que sería para un Oso de Muy Pequeño Cerebro el atraparlas y meterlas ordenadamente en su cabeza. Así que quizá -se dijo a sí mismo con tristeza-, Christopher Robin no me contará ya más cosas, y se preguntaba si ser un Fiel Caballero significaría que uno habría de conformarse con seguir siendo fiel sin que se le contasen cosas. […]”

Este es uno de los párrafos finales del segundo y último libro de las Historias de Winny de Puh del que ya os hablé en otra ocasión. Puh sabe en su interior que será la última vez que pase el tiempo haciendo Nada con su amigo Christopher Robin. No sabe por qué, no sabe qué va a hacer a partir de ahora Christopher Robin, pero sabe que ya no pasarán ratos de aventuras y descubrimientos juntos. Un punto y final a un momento de la vida de ambos descrito de manera maravillosa por A.A Milne.

Las despedidas son difíciles, tengas la edad que tengas, y forman parte del crecimiento personal de cada uno. Con los años aprendemos a desprendernos de cosas, a decirles adiós y a superar el momento sabiendo que en un futuro cercano esa partida dejará paso a nuevas cosas, mejores en muchos casos, distintas siempre y seguro que enriquecedoras. Pero cuando tienes 5 o 6 años la cosa se complica un poco.

Pueden tratarse de cosas que a ojos de adulto se entiendan como pequeñeces sin importancia, pero en el mundo infantil son enormemente importantes. Este verano, por ejemplo, mi hijo pequeño (casi 6 años) se encariñó de un enorme peluche que precisamente era Igor, el burro amigo de Winny de Puh. Un muñeco que perteneció a alguno de los hijos  de los dueños de la casa en la que pasábamos unos días y que seguía vigilando el cuarto con su tierna mirada.

Igor

En la imaginación de mi hijo aquel burrito triste y desanimado era ya amigo suyo incluso antes de verlo en aquella habitación. El encuentro fue más un reencuentro entre dos viejos amigos. Tres días bastaron para que la relación se afianzara y se  convirtieran en inseparables. Pero inevitablemente llegó el día de la partida. No penséis que fue una pataleta por un capricho (yo quiero, yo quiero, comprarlo…): aquello era una profunda pena causada por la certeza de que debía separarse de su amigo.

Una experiencia esta que me hizo pensar en la cantidad de pequeñas pruebas y obstáculos que debemos ir superando para crecer por dentro y prepararnos para situaciones, más difíciles y complicadas que nos depara el futuro.

Son momentos estos que cuando se saben ver y llevar a las páginas de un libro son muy agradecidos de leer y disfrutar. Los niños inevitablemente se van a identificar  con la situación por la que seguro han pasado ya en algún momento. Este es el caso de los tres libros que hoy os traigo.

no-te-vayas“No te vayas…” de Gabriela Keselman ilustrado por Gabriela Rubio, editado por Kókinos. Madrid, 2009. 36 págs.

La autora nos presenta a Catalina, una niña con largas coletas a la que no le gusta despedirse de nada ni de nadie. Se le hace un agujerito en el corazón y siente extrañas sensaciones en la tripa.

Grita ¡No te vayas! y entonces el día decide regalarle un último rayo de sol, el invierno una última bola de nieve, el diente a punto de caerse se disfraza de equilibrista de circo solo para Catalina, la espuma del baño burbujea para hacer cosquillas a la niña….pero después todo han de marcharse inevitablemente. Y cuando se van dejan paso a otra cosa tan hermosa  y llena de posibilidades como aquella a la que despidió: una noche con una luna hermosa, una primavera espléndida, una moneda bajo la almohada y un montón de juguetes al fondo de la bañera.

Un álbum donde el rojo predomina sobre los otros 3 colores que bastan para dar forma al mundo de Catalina (negro, blanco y dorado). Con una estructura muy cuidada en la que tras cada nueva despedida de Catalina aparece una doble página sin texto donde cada lector puede interpretar a su manera lo que ve y lo que siente con aquella ilustración, produciéndose una curiosa mezcla entre lo que nosotros sentimos con lo que puede sentir Catalina.

Un álbum cargado de sensibilidad de una autora que se caracteriza por su capacidad para conectar con la mentalidad infantil.

pipyposy“Pip y Posy. Un globo muy grande” de Axel Scheffler, editado por B de Blok. Barcelona, 2012. 32 págs.

De la mano del globo que pierde Catalina nos vamos a otro globo y otra historia sencilla pero muy acertada. Pip y Posy son dos grandes amigos creados por Axel Scheffler, ilustrador conocido por su colaboración en varias obras de Julia Donaldson como “El Grúfalo” o “Cómo mola tu escoba”. Las historias de Pip y Posy son pequeños episodios pensados para niños entre 3 y 6 años en los que vivimos situaciones sencillas de su vida, como este en el que Pip disfruta con un enorme globo rojo junto a su amiga Posy hasta que el globo se le escapa de las manos y se pincha. Un llanto inconsolable invade al pobre Pip y será su inseparable amiga la que le ayude con dos pequeños pomperos. Juntos jugarán con las pompas de jabón y disfrutarán de ellas en su efímera existencia, disfrutando de todas aunque exploten porque las burbujas siempre han de terminar explotando.

Una mirada de niño en cada una de sus páginas y una solución mágica y perfecta como una pompa de jabón.

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“Mi nueva casa” de Marta Altés, editado por Blackie Little Books. Barcelona, 2014. 26 págs.

Una mudanza reúne todos esos sentimientos de los que hemos estado hablando hasta ahora: miedo a lo desconocido, separación de cosas y personas a las que queremos, rechazo a lo nuevo, añoranza de lo pasado, esa sensación de “yo quiero que las cosas sean como antes”.

Así se siente el protagonista de “Mi nueva casa”, obligado a cambiar de ciudad, casa, amigos y colegio por una mudanza. “Lo nuevo da miedo…” dice en un momento de la historia, escondido detrás de su padre, mirando las caras extrañas de sus nuevos compañeros de cole.

Uno intenta creer en lo que los mayores nos repiten: solo deja que pase un poco de tiempo y verás como todo vuelve a ser como antes. Pero resulta tan difícil de creer y te llegas a sentir tan solo. La cosa es que igual no es como antes, no tiene por qué serlo, será distinto seguramente, pero no por ello será menos bueno. Descubriremos cosas que no conocíamos y aprenderemos nuevos juegos y seguiremos echando de menos a los amigos de antes pero los sentiremos cerca cuando sepamos de ellos por cartas o mensajes. Nuestro mundo se habrá ampliado un poco, y nuestra capacidad de acoger a cosas nuevas también. De eso se trata al fin y al cabo.

No siempre es fácil de explicar con palabras este tipo de sentimientos y seguro que los niños al ver estas historias se sienten identificados y de alguna manera reconfortados.

Tres historias que no nos van a quitar ese nudo del estómago cuando estemos tristes por haber perdido algo pero que seguro que conectan con los niños en cualquier momento. Y siempre, siempre, descubramoslas y disfrutemoslas con ellos.

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Konrad o el niño que salió de una lata de conservas

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Portada de “Konrad o el niño que salió de una lata de conservas” de Christine Nöstlinger, editado por Loqueleo Santillana

La Señora Berti Bartolotti vivía sola. Tejía alfombras de vivos colores para ganarse la vida. Su marido hacía tiempo que se había ido a vivir a otra parte.

La Señora Bartolotti se llamaba a si misma “criatura”, que era como la llamaba su madre de pequeña para ordenarle que hiciera cualquier cosa, y una vez ya fue mayor, como la llamaba su marido cuando le pedía que le preparase la comida. Como ahora ya no tenía con ella ni a su madre ni a su marido, la Señora Bartolotti se había acostumbrando a seguir diciéndose “criatura” a sí misma: “criatura: ahora vas a lavarte y a vestirte como es debido y a ponerte a trabajar, ¡pero rápido!”. 

Tenía la manía de comprar por catálogo cualquier cosa, la necesitara o no. Si encontraba un cupón de pedido no podía resistirse y lo enviaba. Por eso una mañana cuando el cartero le trajo un gran paquete no se extrañó. Lo miró con curiosidad porque pesaba mucho y ella no recordaba haber pedido algo que pesara tanto. Su asombro fue mucho mayor cuando por fin abrió el paquete y encontró una lata de conservas de la que salió un niño pequeño, de unos 7 años. Junto al niño y la lata, una carta le informaba de que aquello era su pedido de un hijo en conserva y que esperaba que reuniera todo lo necesario y le aseguraban que el niño cumplía con todas las condiciones de un buen hijo como se anunciaba en la publicidad. Aquel niño se llamaba Konrad y era, simplemente, el hijo perfecto. 

Mi opinión

Este pasado mes de Julio nos ha dejado la famosa autora austriaca Christine Nöstlinger a los 82 años de edad. Una enorme pérdida para las letras juveniles y que nos ha dejado joyas como este Konrad. Vaya pues como homenaje a su obra esta primera reseña de curso de nuestros Cuentos para Matilda.

Son más de un centenar de obras las publicadas por esta extraordinaria autora, que le llevo a ganar en 1984 el nobel de la literatura juvenil, el Premio Andersen por el conjunto de su obra. Konrad se publicó en 1977 y es una de sus más reconocidas obras a nivel mundial.

Una obra cargada de crítica social, de personajes peculiares y situaciones que no son habituales en la literatura juvenil, pero no por ello son menos necesarias. Humor y ternura, crítica social sin tapujos, lenguaje claro y humanidad por los cuatro costados: así es “Konrad o el niño que salió de una lata de conservas”

Konrad ha sido creado para ser el niño perfecto: educado, buen estudiante, obediente, ordenado, sincero, respetuoso de sus mayores, buen amigo, buen compañero de clase, buen alumno…Sabe que tiene que querer a sus padres y por eso Konrad quiere a la Señora Bartolotti desde el primer momento que la ve.

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Ella, una vez que ha sido capaz de salir de su asombro, no sabe bien aún de que manera demostrarle su cariño y hace lo que puede. Comienza así un aprendizaje mutuo, tanto de ella para ser la madre que se espera, como de Konrad para adaptarse a un mundo en el que no se espera que sea un niño tan perfecto.

Empiezan así a ocurrir un montón de situaciones cargadas de humor por las peculiaridades y el contraste de estos dos personajes. Una mujer tan poco convencional, tanto en las formas como en la apariencia, como es la Señora Bartolotti, y ese niño perfecto que es Konrad, educado y creado para agradar a su madre, a la que ya quiere profundamente.

El resto de los personajes que rodean a la historia ayudan a que esos contrastes sean más evidentes y nos hagan reflexionar aún más sobre el mundo en el que vivimos. Un mundo este de 1977 cuando se escribió la obra, pero que no dista en nada al que seguimos teniendo ahora mismo.

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El Señor Egon, farmacéutico y novio de la Señora Bartolotti, se siente tan cautivado por la personalidad y forma de ser de Konrad, sus buenos modales y su capacidad de aprendizaje, su perfección, que se nombra padre adoptivo de la criatura sin consultar para ello ni siquiera a la madre. Se transforma y se cree con autoridad suficiente como para criticar las formas de la Señora Bartolotti, actitud esta que hasta la fecha nunca había tenido. 

Los vecinos, que ayudan pero cotillean cuanto pueden, y Kitti, la hija de los vecinos, que se convierte en la mejor amiga de Konrad e incluso, su primer amor infantil, son el resto de personajes esenciales en la historia. Con ellos Nöstlinger construye el mundo al que se tiene que adaptar Konrad y que resume a la perfección el mundo en el que vivimos. La escuela, el vecindario, los amigos, la familia, las convenciones sociales, lo que se espera de cada miembro de la estructura social, de la mujer, de la madre, del padre y de los hijos, de los amigos y de los profesores.

Un mundo de convencionalismos que hacen que cuando alguno de esos actores es manifiestamente distinto cause recelos, miedos, antipatías e inseguridades en todo el que le rodea, cada uno por sus razones.

En el caso de Konrad, su madre cree que su hijo no será aceptado entre sus compañeros y eso le preocupa enormemente. Su padre el Señor Egon, sin embargo, esta feliz porque su hijo sobresale de la media en cuanto a conocimientos y será el mejor del colegio. Kitti, su amiga, esta feliz porque Konrad es un gran amigo, mejor que cualquiera de los que tiene, pero tiene que defenderle delante del resto de los niños de la pandilla y será ella quien enseñe a Konrad a decir palabras feas y a llevar la contraria a los adultos. Los compañeros de clase no pueden entender que Konrad se chive ante la profesora de cosas que han hecho, aunque sean cosas que no deberían hacer.

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Todos, sin embargo, coinciden en algo fundamental: ya ninguno sabría vivir sin la presencia de Konrad en sus vidas, tal y como es.

Y es que a Konrad se le coge cariño desde el primer momento, con su inocencia y absoluta ausencia de maldad, con sus modales perfectos y su amor incondicional, con su ternura de libro y su apariencia de niño adorable. Un niño creado para ser querido en el ambiente aséptico de una fábrica en el que se hacían cientos de niños y niñas como él. El contraste de nuevo, la crítica social de nuevo. Crear niños perfectos como salidos de fábricas sin ninguna imperfección, sin errores, sin raspones en las rodillas, sin mejillas y manos manchadas de haber jugado en el parque, sin ropa sucia o con algún siete. Niños que no son respondones ni tienen opiniones ni ideas propias.

Total, una obra que deberían leer primero y sobre todo padres, profesores y mediadores y después dársela a los niños y disfrutarla todos juntos, asimilarla todos y dejar que surjan conversaciones sobre ella. Porque estos son libros sobre los que se puede hablar largo y tendido entre adultos y entre niños.

No podía ni quería dejar pasar la oportunidad de hablar de esta maravillosa autora que ya descansa después de una vida dedicada a la literatura infantil y juvenil. No había mejor manera de comenzar de nuevo la andadura que espero siga siendo tan enriquecedora y alentadora como los últimos cinco años. Espero que sigáis acompañando mi caminar literario con tanta fe y fidelidad como hasta ahora. Feliz regreso.

Datos bibliográficos

Título“Konrad o el niño que salió de una lata de conservas”

Autora: Christine Nöstlinger

Ilustración: Frantz Wittkamp (para la edición de Alfaguara. Estas son las que aparecen en la reseña de este blog), Mar Villa (para la edición de Loqueleo de 2016)

Edición: Santillana Loqueleo, Madrid, 2016. 2016 pags.

Edad: + 10 años

Irene la valiente

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Portada de “Irene la valiente” de William Steig, Editorial Blackie Books

Una fría tarde de invierno la señora Bobbin, costurera, termina el encargo de la Duquesa: un precioso vestido de fiesta. Debe llevar el vestido antes del gran evento que se celebrará esa misma noche, pero no se siente nada bien. Un terrible dolor de cabeza no le deja casi fuerzas para llevar el vestido a su dueña. Irene, su pequeña hija se ofrece de inmediato a realizar el encargo pero ¿cómo va a llevarlo ella, si casi no puede con aquella caja tan pesada?. Fuera hace muchísimo frío y la señora Bobbin no quiere ni pensar en la idea de enviar a su pequeña hija a tal encargo.

Pero Irene mete a su madre en la cama, la arropa, le lleva un té caliente y la tranquiliza: ella llevará el vestido.

Con cuidado prepara el vestido en su caja, se abriga y se dispone a salir a la fría tarde invernal.

Mi opinión

El pasado mes de febrero de 2018 la Editorial Blackie Books publicaba dos de las obras infantiles del autor americano William Steig. Dos de esos clásicos modernos que forman ya parte importante de la historia de la literatura infantil: “Doctor De Soto. Dentista de animales” e “Irene la valiente”.

William Steig, al que en España se le conoce fundamentalmente por ser el creador de Shrek, publicó en su larga vida (murió a los 95 años) más de veinte libros infantiles entre los que están “Doctor de Soto. Dentista de animales”, también publicado por Blackie Books, “Silvestre y la piedrecita mágica” o “Dominico”, todos libros para primeros lectores.

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Y es que del autor de “Shrek”, obra muy recomendable que va mucho más allá del personaje que nos ha llegado a través de su versión cinemátográfica, es uno de esos clásicos que no pasan de moda y que forman lectores.

La lectura de “Irene la valiente” tiene ese regusto de buen libro, de historia bien construida, con emoción, ternura, suspense, un poco de miedo incluso y final redondo. Tiene las dosis necesarias de cada cosa y va forjando en el lector joven el gusto de “saborear” la lectura. De esos libros que quieres seguir leyendo para llegar al final pero que decides voluntariamente dejar para mañana para que no se termine tan pronto.

El delicioso inicio de la historia, tiene esa parte de afectividad y calidez que es necesaria para que Irene vaya bien “abrigada” en todos los sentidos. Irene necesitará valor para superar la tormenta de nieve y viento, pero también el calor de las palabras cariñosas de su madre (“croquetita”, “periquita”).

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Va a necesitar, además, el sentido de responsabilidad que su madre le ha inculcado, viéndola cada tarde trabajar en su vestido. Va a necesitar confianza y decisión, esperanza y perseverancia.

Todo eso en escasas 35 páginas, acompañadas de unas clásicas y sencillas ilustraciones en las que vemos como es esa pequeña Irene y lo fuerte y valiente que puede llegar a ser.

Un texto sencillo con el que es capaz de llevarnos con Irene desde el calor del hogar hasta aquella tarde fría en mitad del bosque y el prado. Escuchamos la voz de Irene, aguda y pequeña como ella, y la del viento, silbando alrededor de Irene, fuerte y amenazador: Vete a caaaaaaaasaaaa…o ya verás.

La vemos luchar contra la ventisca y sentimos, junto a Irene, perder las fuerzas caminando entre la espesa nieve acumulada en el suelo. Notamos como llega la noche y se apodera de casi todo el valor que tenemos.

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Olemos el “pan recién hecho” al que Irene dice que huele su mamá…(el olor de mamá, ¿puede haber algo más evocador que eso?). Y así nos adentramos con ella en su aventura y disfrutamos de su feliz final.

“Irene la valiente” reúne todo eso necesario para que un libro se convierta en clásico. Con un texto sencillo, directo y acogedor, repleto de sensibilidad y sinceridad, el libro está repleto de lugares conocidos que no pasan de moda como son el calor del hogar, la sonrisa de mamá, su abrazo, los miles de besos que nos damos, el recuerdo de su olor y la caricia de sus palabras. Tiene emoción y aventura, la que hay en ese primer día que vas a hacer un recado tu solo, con la tensión en los músculos de quien tiene una misión importantísima, y la sonrisa en la cara por la emoción del momento. Y por último tiene un final feliz y redondo, sin dejar nada al azar, para que nos quedemos solo con la felicidad de haber cumplido nuestro cometido, de haber hecho las cosas bien.

Volver y revolver entre los clásicos es una de esas buenas costumbres que debemos inculcar en los niños. Porque fueron los autores clásicos los que empezaron los caminos por los que hoy seguimos caminando.

Datos Bibliográficos

Título: Irene la valiente

Autor e Ilustrador: William Steig

Edición: Blackie Books, colección “Primeros Lectores” de Blackie Little, Barcelona, 2018. 38 págs.

Edad: + 6 años

¡Este libro me habla!

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Portada de “¡Duerme gatita, duerme! de Antje Damm editado por Takatuka

Esta mañana me ha pasado algo muy extraño: ¡un libro me ha hablado! ¡De verdad!…lo he abierto para leerlo y ha empezado a decirme que le deje dormir, que tiene sueño, que ni se me ocurra seguir pasando páginas porque lo único que quiere es dormir plácidamente. Y siguía: que deje de hacer tanto ruido, que si no tengo nada mejor que hacer que andar despertando a los demás…ay, que cosas más raras me pasan con los libros…

Mi opinión

Los “libros que hablan” están de moda. Es posible que, entre tanta oferta editorial no os hayáis dado cuenta, pero para una que anda fijándose en lo de aquí y lo de allá, esto de que los libros se dirijan directamente al lector se ha ido extendiendo de un tiempo a esta parte de forma notoria.

Pero es que la idea del libro como objeto vivo e independiente es muy atractiva. Va incluso más allá del libro-juego. Es un libro, nos cuenta una historia, pero en esa historia participamos nosotros. Además el libro adquiere personalidad y le podemos coger cariño, lo podemos abrazar y mimar, y puede convertirse en un amigo.

Un ejemplo sería aquél libro del que os hablé hace ya bastantes meses, “Mi amigo libro”, en el que el libro nos cuenta su historia, gracias a la que descubrimos que nuestro propio libro tiene ojos y una hermosa “chaqueta”.

Por eso hoy os traigo algunos ejemplos de estos libros interactivos, que se dirigen directamente al lector. El primero de ellos es “¡Duerme, gatita, duerme!” de la autora alemana Antje Damm, autora, entre otros, de un estupendo libro informativo editado por Pípala, “¿Qué es el tiempo?” y de “La visita”, una originalísima apuesta de ilustración editada por Tramuntana.

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Gracias a Boolino hemos podido disfrutar de este divertido y original libro de la conocida autora alemana. En esta ocasión la autora nos ofrece una obra para los primerísimos lectores. De pequeño tamaño, ideal para sus pequeñas manos, el libro contiene en realidad a una gatita que quiere dormir. Desde su primera página se enfrenta al lector para que la dejemos en paz y cerremos el libro. Pero claro, lejos de volverse a dormir la gata se despierta y entonces, como buen gato, lo que quiere es jugar. Una divertida idea en la que los más pequeños entran a jugar encantados y que la disfrutan de principio a fin, o sobre todo por su fin ya que nos lleva a la famosa y repetida frase que todo niño dice antes de apagar la luz: ¡cuéntame otro!.

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La siguiente propuesta podría ser doble, o triple, porque es difícil decidir de qué libro hablar de los escritos e ilustrados por esta pareja de autores, Cédric Ramadier y Vincent Bourgeau. Pero nos quedaremos con dos de entre su extensa obra. El primero, “El libro que duerme”, enlazando así con la temática del anterior.

Si la gatita de Anje Damm nos decía que lo que quería era dormir y que no la estábamos dejando, en este caso un pequeño ratón nos va aconsejando lo que tenemos que hacer y decir a este libro azul para que termine de quedarse dormido. Abrazos, besos y hasta contarle un cuento forma parte del ritual del libro para poderse dormir: ¿a quién no le gusta que le duerman así?.

libroenfadadoUna idea deliciosa y tierna en contraste con otro de sus libros, “El libro enfadado”. Aquí nos encontramos con un libro rojo de ira, enfadadísimo, tanto que habrá que mandarle al rincón de pensar un rato. Entre el pequeño ratón y nosotros iremos ayudando al libro a superar el enfado.

Ambos son una genial y simpática forma de convertir al libro en algo tan cercano que queramos abrazarlo, susurrarlo, acunarlo o ayudarle a superar un terrible enfado. El libro se convierte en compañero y amigo, en parte de nuestra vida. ¿Hay algo más hermoso que eso?.

sintitulohervetulletPero si hablamos de libros interactivos el rey de todo esto es sin duda Hervé Tullet. Sus libros siempre están interpelando al lector a hacer cosas, a descubrir, mover, tocar, investigar. Colores, puntos, manchas, dedos, tuberías que van y vienen…Pero también personajes como en su libro “Sin título” en el que lo que vamos a encontrar es un libro sin terminar.

Sus personajes, una princesa, un cerdo, un bicho verde, un muñecote y un perro nos dan la bienvenida al libro. Nos saludan, les parecemos muy majos, encantadores pero….¿podríamos venir en otro momento?, es que aún están sin terminar y ¡no hay cuento que poder contar!. Piden ayuda incluso al malo, al terrible monstruo-bola, pero el tampoco sabe qué hacer con esos niños que les miran desde el otro lado. El único que les puede ayudar es…¡claro! ¡el autor!. El propio Hervé Tullet hace un cameo en uno de sus libros apareciendo en forma de foto. Delirante, ingenioso, divertido y muy muy loco este libro en el que los personajes hacen cualquier cosa con tal de entretener a esos niños simpáticos que han comprado el libro para leer un cuento. Interacción al cien por cien con el lector, imaginación total y diversión asegurada, como todo que toca el genio de “Un libro”.

Tres propuestas de libros interactivos, libros que nos hablan y quieren formar parte de nuestro día a día y que son absolutamente deliciosos. Y a ti ¿te hablan los libros?

 

Datos bibliográficos

Título: ¡Duerme, gatita, duerme!

Autor e ilustrador: Antje Damm

Edición: Takatuka, Barcelona, 2018. 26 pags.

Edad: + 0 años


Título: El libro que duerme

Autor e ilustrador: Ramadier & Bourgeau

Edición: Lógez Ediciones, Salamanca, 2016. 20 pags.

Edad: + 2 años


Título: El libro enfadado

Autor e ilustrador: Ramadier & Bourgeau

Edición: Lógez Ediciones, Salamanca, 2017. 20 págs.

Edad: + 2 años


Título: Sin título

Autor e ilustrador: Hervé Tullet

Edición: Kókinos, Madrid, 2013. 38 págs.

Edad: + 5 años


 

 

 

María de la Luz Uribe y Fernando Krahn

 

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Portada de “Cuenta que te cuento” de María de la Luz Uribe y Fernando Krahn

Una tarde de paseo

tropecé con un rey

magnífico y elegante,

pero todo de papel.

Haciéndome una gran venia,

este rey que me encontré

me regaló su corona,

que era toda de papel.

Me dijo: “En esta jirafa

iremos a recorrer

mi reino”. Y juntos nos fuimos.

Y todo era de papel.

Con este hermoso cuento en verso de la autora chilena María de la Luz Uribe comienza “Cuenta que te cuento”, uno de los libros de la autora, ilustrados por su marido Fernando Krahn. La Editorial Libros de la mora encantada lo reeditó en 2009 junto con otro de sus libros más conocidos, “Pero-Pero”.

Hoy de la mano de esta niña y el Rey de papel os invito a conocer un poquito más de la obra de este tandem que tan bien funcionó y que tantas alegrías ha dejado en la literatura infantil de habla hispana.

Dentro de cualquiera de los libro escritos por Uribe se guardan sencillas historias en prosa y en verso llenas de inocencia, sensibilidad y alegría. Sentido del humor cercano, sutil y sencillo, personajes sin complicaciones a los que nos sentimos de alguna manera cercanos y cómplices, historias que nos dejan un gustoso sabor de boca y una sonrisa en los labios.

MLU_peroperoEstas dos obras, “Cuenta que te cuento” y “Pero-Pero”, reúnen varios cuentos en verso, algunos tan conocidos como el referido “Rey de papel” o “La Señorita Aseñorada”.

Todos tienen ese sentido del humor que se acerca al sinsentido y con el que disfrutamos siempre. En “Pero-Pero” encontramos por ejemplo la historia de “Tiempoantes”, un reino muy bien guardado por torres, dragones, gigantes y leones feroces. Y es que en el interior de aquel reino vivían el Rey y la Reina y su adoraba y pequeña hija Bramante. Era pequeña pero de tamaño ya sus padres no querían que cambiara nunca y siempre fuera como la de antes. Y ella, que era buena y suave de carácter, así seguía, siempre igual, siempre pequeña.

MLU_peropero3Allí podemos ver a la pequeña Bramante, en su pequeña camita, con mesilla y con estandarte…no le faltaba de nada, solo la libertad.

Y es que el humor no está reñido con llamar a las cosas por su nombre y mostrar situaciones que, bien contadas, dejan un poso en la mente infantil y se hacen eco en el oído adulto. Pero no esperéis en los cuentos de Uribe historias con moralina porque no los encontraréis. Ella solo mostraba situaciones a veces locas, a veces absurdas, siempre divertidas y en muchas ocasiones sacadas del común diario de niños y adultos.

Un mantel de una mesa cualquiera en el que discuten tenedor, cuchillo y cuchara; una niña que no para de preguntar el por qué de todo a su madre; un pequeño ejercito de pipas de melón dirigidos por el Soldado Trifaldón que se deberá enfrentar a un ejercito de hormigas que solo buscan algo dulzón…Así era el maravilloso mundo de María de la Luz Uribe, mundo al que dio imagen y luz su marido Fernando Krahn.

MLU_DoñaPiñones-PG150Otra de las obras de Uribe y Krahn con la que más disfruto siempre es, sin duda alguna, “Doña Piñones”, editado por Ekaré. Un pequeño libro sobre una pequeña viejecita, Doña María del Carmen Piñones, asustadiza y temerosa de todo, hasta de los vientos. Su miedo le hace pasar por situaciones tan cómicas para nosotros que las leemos, como terribles para la pobre viejecita.

Será un niño de buen corazón el que ayude a esta buena mujer y le ayude a dejar de tener miedo. La cuidará, la mimará y dará manzanilla y le hará ver que lo que tanto miedo le dio no era otra cosa que los cuatro vientos que la querían visitar. Y de la mano del niño se irá volando con los ventarrones…la doña María del Carmen Piñones.

Es también en 2009 cuando Ekaré reedita esta obra con nuevas ilustraciones a color hechas por Fernando Krahn. Unas ilustraciones en las que no falta detalle en esa pequeña casa de Doña Piñones: la vajilla, la ropa blanca doblada en el armario, la bufanda que está tejiendo la viejita con sus agujas y su ovillo, mantelitos y puntillas. Todo nos da idea de una pequeña casa acogedora de una abuela de las de antes. Una delicia servida en tacita de plata, pequeña y encantadora.

 

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Por último otro cuento en verso: “El viaje”, publicado por SM en la colección Los Piratas del Barco de Vapor. Cuanta la historia de Tic y Tac que emprenden un viaje uno, con lo que lleva puesto y otro cargado por lo que pueda pasar. Con su fino humor y un gran protagonismo de la ilustración, en la que destacan los personajes principales, recorreremos el camino con ellos y descubriremos que a veces lo indispensable es mucho menos de lo que piensas.

Nos dejamos muchas obras necesarias y hermosas de la autora que no caben en una reseña y que tienen tanto derecho a estar como estás: “Historia de uno”, “Dimes y Diretes”, “Cosas y cositas” y un largo etcétera.

Su poesía, su obra en verso es lectura imprescindible para niños de cualquier edad. La sonoridad de los versos los hace cercanos desde bebés. Sus cuentos son sencillos y visuales, podemos imaginar con facilidad sus historias y en su nonsense encontramos la clave para engancharnos a ellas y querer seguir leyendo más.

Han pasado los años pero son historias que permanecen y permanecerán, porque siempre habrá niños que las quieran escuchar.

Datos bibliográficos

Título: Cuenta que te cuento

Edición: Libros de la mora encantada, Candeleda (Ávila), 2009. 28 págs.


Título: Pero-Pero

Edición: Libros de la mora encantada, Candeleda (Ávila), 2010. 32 págs.


Título: Doña Piñones

Edición: Ekaré, Venezuela, 2006. 48 págs.


Título: El viaje

Edición: Ediciones SM, Madrid, 1995. 28 págs.