¡Qué risa de huesos!

Portada de “¡Qué risa de huesos” de Janet y Allan Ahlberg editado por Kalandraka

En una oscura, oscura colina había una oscura, oscura ciudad. En la oscura, oscura ciudad había una oscura, oscura calle…poco a poco vamos acercándonos a un sótano en el que viven tres esqueletos: un gran esqueleto, un pequeño esqueleto y…¡un esqueleto perruno!. Aquella noche los tres esqueletos se disponen a salir a la oscura, oscura calle con un objetivo: ¡asustar a alguien!…pero antes también pueden ir a pasar un rato al perro, y jugar en el parque y lanzar un palo al chucho para que se entretenga. Hay tiempo para todo en esta oscura, oscura noche.

Mi opinión

Nos guste o no, la fiesta de los muertos llegada de tierras anglosajonas ha venido para quedarse. Tiene esos ingredientes que hacen que sea irresistible: disfraces chulos, chuches y fiesta. ¿Qué más se puede pedir? Bueno si, un día de vacaciones para los niños, que trae de cabeza a los padres.

Pero si todo esto va a traer como resultado el que se publiquen, editen y reediten libros como el que hoy os traigo ¡bienvenido sea!. Esta joyita del matrimonio Ahlberg (Janet como ilustradora y Allan como autor del texto) se publicó en los años 80 por la Editorial Altea en la colección Altea Benjamin.

Para los que en los años 80 teníamos edad de empezar a leer, estos fueron algunos de nuestros primeros libros de cabecera. Yo aun recuerdo con ternura (y tristeza por haberlo perdido a manos de no se qué familiar tercero que lo heredó sin mi consentimiento) el libro “La princesa y el caballo de las crines de oro” de Alan Garner con ilustraciones de Michael Foreman. Recuerdo perfectamente ese ogro de la portada y la princesa montada a caballo pasando por encima. No se cuantas veces releí aquella historia hasta prácticamente aprenderla de memoria.

Pero volvamos a los huesos que para eso hemos venido. Desde aquella edición del libro del matrimonio Ahlberg nunca más se ha sabido de este libro, hasta que la Editorial Kalandraka ha decidido darle el formato que le corresponde y una portada con los tres esqueletos, la luna y las estrellas que brillan en la oscuridad. En definitiva, un lujo de edición para que todos podamos disfrutar a lo grande de este paseo nocturno y oscuro, oscuro de esta familia de esqueletos.

Son simpáticos, simplones y con poco cerebro, pero es que ¡son esqueletos!. Con todo y con eso se marcan unas canciones de lo más divertidas y solo con leerlas ya les imaginamos bailando al estilo Fred Astaire: al gran esqueleto solo le falta el bastón y la pajarita, no digáis que no.

Ilustración de Janet Ahlberg en “¡Qué risa de huesos!”

La historia comienza como las historias que vienen de la tradición oral, acercándonos poco a poco y mediante la repetición del mismo esquema de frase (una oscura, oscura…) , hasta llegar al misterioso sótano. Ahí paramos y tras unos instantes de tensión y miedo pasamos la página para ver… a estos tres: un gran esqueleto, un pequeño esqueleto y un esqueleto perruno.

Y así vamos, alternando tensión dramática (aquí hay que sacar nuestra voz de “mucho miedo” para contarlo, es imprescindible) con risas de la mano huesuda de estos simpáticos personajes que deciden pasear por la oscura, oscura noche de la oscura, oscura ciudad.

Junto a ese repetitivo e hipnótico texto destacan las ilustraciones brillantes y coloridas de Janet Ahlberg. Se alternan ilustraciones a sangre con otras enmarcadas o en forma de viñetas. Sobre un fondo negro negrísimo, vemos una ciudad de colores brillantes, una casa con las paredes empapeladas en verde con coloridas flores o un parque repleto de flores y plantas.

Aquella oscura, oscura noche se nos presenta como un contraste continuo entre los tres blancos esqueletos, la colorida ciudad y el negro cielo nocturno, salpicado de estrellas y una amarilla luna menguante. Las melladas sonrisas de los esqueletos salpican todo de una comicidad sencilla, tierna e irresistible.

A todo el conjunto hay que unirle, además, las intervenciones de los protagonistas mediante bocadillos de comic, que junto con esa estructura de viñeta le da a la historia más fluidez y conecta de forma directa con el lector, haciéndole más participe. Es como una lectura a dos niveles que permite que el niño pueda seguir la historia a través de lo que dicen los personajes o a través de la narración tradicional.

Allan Ahlberg continuó con las aventuras de estos simpáticos esqueletos haciéndolos vivir mil aventuras. No podía ser de otra manera: cualquiera de nosotros, al terminar de leer este libro, se puede poner a imaginar qué les pasaría a estos tres si se encuentran con un gato negro, o se van de vacaciones en coche, o montan en un fantasmal tren.

Lamentablemente Janet Ahlberg no fue la ilustradora de todas ellas ya que falleció a causa de un cáncer con tan solo 50 años. Las ilustraciones de todos sus libros son coloridas, cargadas de sensibilidad y con cierto aire romántico.

El resto de las aventuras de los esqueletos corrieron a cargo del ilustrador Andre Amstutz.

Con historias tan divertidas y tan bien construidas con estas da gusto llevarse algún que otro susto y pasar una noche de miedo.

Datos bibliográficos

Título: ¡Qué risa de huesos!

Título original: Funnybones

Autor: Allan Ahlberg

Ilustrador: Janet Ahlberg

Traducción: Miguel Á. Diéguez

Edición: Kalandraka Editora, Pontevedra, 2019. 32 págs.

Edad: + 2 años

Los diarios de Cereza

Portada de “Los diarios de Cereza: El libro misterioso” (vol. 2). De Joris Chamblain y Aurélie Neyret, Editado por Alfaguara

Cereza es una niña de 10 años que quiere ser escritora. Vive con su madre en un pueblo en Francia. Una vecina, la Señora Jardines, escritora, le da pautas y consejos para convertirse en escritora. Una de las cosas que le dice es que tiene que fijarse en todo lo que le rodea, anotar lo que le llama la atención, fijarse en la gente. Eso, unido a la potente imaginación de la niña, hace que Cereza descubra misterios por todas partes. Sus mejores amigas, Lina y Erika, le ayudan a resolver los misterios y aventuras en las que se embarca Cereza, unas veces con muchas ganas y otras porque la arrolladora Cereza les empuja a ello.

Mi opinión

Llevo demasiados meses sin pasar por aquí y de verdad que lo siento y lo echo de menos. Han sido muchos los libros que he querido reseñar, las historias que han pasado por mis manos y he tenido verdadera necesidad de compartirlas y de escribir sobre ellas pero el tiempo este año, por suerte (todo sea dicho) ha sido muy limitado.

La distancia también ayuda a agarrar las cosas con más ganas y más fuerza, a aclarar ideas y a pensar en otras opciones. Este blog me ha dado tantas alegrías, me ha ayudado tanto, he aprendido tanto a través de cada semana de reseña, que no puedo ni quiero abandonarlo por nada del mundo. Pero habrá que adaptarse a los nuevos tiempos, a los bienvenidos y estupendos nuevos tiempos. Las reseñas vendrán pues más espaciadas, una al mes se estima, se desea y espera. Es posible que sin fecha fija aunque una es muy de obligarse al orden y las formas. Así que no descarto que este tercer viernes del mes sea el nuevo momento de publicar. Todo se andará, pasito a pasito.

Así que hoy, tercer viernes de mes, os traigo la primera reseña de la temporada. Con doble emoción además, porque se trata de un cómic, género al que solo he acudido en una ocasión cuando hablamos de la Colección Mamut de Bang Ediciones.

Se trata de “Las historias de Cereza”, de Joris Chamblain y Aurélie Neyret, Editado por Alfaguara. Un descubrimiento maravilloso que ha hecho que, entre otras cosas, mi hija de 10 años se adentre un poco más en el mundo del cómic y la historia gráfica y, ya de paso, se embarque en una lectura por puro placer, sin sentir que es un esfuerzo, una obligación o un momento de juego perdido.

Las historias de Cereza son una mezcla de misterio, aventuras con personajes, a mitad de camino entre la juventud y la infancia, y ternura.

La cara de Cereza ya nos transmite que esta niña es especial. Quiere ser escritora y por ello se decide a escribir un diario donde contar las cosas que le ocurren en verano junto a sus dos inseparables amigas de la infancia, su madre y su vecina, la Señora Jardines, anciana escritora que le ayuda en su aventura escritora.

Los misterios en los que termina envuelta Cereza, lejos de hablar de temas fantásticos, robos o problemas aún más preocupantes, habla de personas, de sentimientos, de gente solitaria con una pena en el alma que le hace actuar de forma peculiar o extraña y que, gracias a la ayuda de esta inteligente y despierta niña, logran superar o solucionar, al menos en parte, aquello que les hace sentirse tan abatidos.

Los autores han querido que las historias de Cereza no se queden solo en la simple narración de unos hechos misteriosos que nos van desvelando poco a poco, como en las mejores novelas, sino que además han escogido temas sencillos pero bañados de ternura y sensibilidad: el amor a los animales, el arte y las expresiones artísticas, el amor por los libros y la literatura, el trabajo de los bibliotecarios, la dificultad para superar el haber tenido que luchar en una guerra, el amor eterno…

Las historias de Cereza están sembradas de pequeños detalles que permiten reflexionar y meditar, que pueden dar lugar a una conversación posterior. Detalles que vemos en las relaciones de los personajes, como la que tiene Cereza tiene con su madre o con sus amigas, relación no siempre fácil y siempre cargada de intensidad.

Son situaciones en las que, seguramente, los niños y niñas de esa edad se pueden reconocer. Aún no son adolescentes pero ya sienten esos cambios en el humor y esa necesidad de estar con su grupo a veces, solos otras. Amigas que vienen desde la infancia, a las que se quiere sin condiciones, pero que en ocasiones nos sacan de quicio. Los padres, controlando todo lo que hacen cuando ellos ya se sienten muy mayores para estar tan sujetos. Esa necesidad de libertad que se ha despertado en sus cabezas y que ya no les va a abandonar por mucho tiempo. La mirada del adulto también está bien reflejada a través de la madre y la Señora Jardines. Son comprensivas pero no dudan en mostrarle a Cereza los límites, tan necesarios en esta edad.

Cereza, llevada por su curiosidad, arrasa con todo lo que se pone a su paso, mintiendo a su madre si es necesario, utilizando a sus amigos en algunos casos para conseguir su objetivo. Y es que, como todos, Cereza también se equivoca y mete la pata y necesita que alguien le diga cuatro cosas bien dichas, aunque su objetivo sea ayudar a una agradable anciana.

Son historias muy atrayentes que no caen en la historieta fantástica fácil ni se limitan a perfilar personajes sin aristas, planos y que solo van en una dirección. Los autores arriesgan con personajes vulnerables, que aciertan y se equivocan, que se enfurecen y aman, que lloran y ríen a carcajadas, como hacemos todos.

Un feliz descubrimiento que espero nos siga acompañando en esta aventura de la lectura en la que mi hija no hecho más que empezar a adentrarse y de la que espero de corazón no se quiera bajar nunca.

Datos bibliográficos

Título: Los diarios de Cereza: El zoo petrificado (vol.1); El libro misterioso (vol.2)

Autor: Joris Chamblain

Ilustradora: Aurélie Neyret

Traductor: Jorge Eduardo Salgar Restrepo

Edición: Alfaguara, Penguin Random House, Barcelona, 2017, 2019. 84 páginas.

Edad: + 9 años

¡Malacatú!

Portada de “¡Malacatú!” de María Pacual de la Torre, editado por A buen paso

Una tarea cotidiana como es lavarse los dientes, desencadena una oleada de conjuros en la cocina entre un niño y su madre. Una cocina que participa activamente de esta colección de sortilegios, convirtiéndose en el escenario de una auténtica batalla. Madre e hijo, que han llegado a ese punto de “hasta aquí hemos llegado”, desatan su ira y sueltan por su boca todo eso que llevaban acumulado durante ¿días?, ¿horas?…una batalla doméstica con momentos desternillantes en la que todos nos podemos ver un poco reflejados.

Mi opinión

Las guardas, ¡ay las guardas! Tanta vida tras de ellas y cuánto juego están aportando a los autores de álbum ilustrado en esta nueva época que les ha tocado vivir. Son escenario de nuevos comienzos, de segundos finales, de primerísimos inicios, de conclusiones posibles e imposibles…son en definitiva un recurso magnífico del que ya casi nadie que disfrute de esto de los álbumes deja de prestar atención.

En esta ocasión todo comienza cuando la puerta de la cocina se abre en esa guarda inicial, dejando pasar a un niño con un deslumbrante tupé que nos da alguna pista ya de su enorme personalidad, cargado hasta arriba de juguetes. Unos juguetes que la gran mayoría, grandes o pequeños, reconoceremos de antes, de ahora, de siempre. Playmobil, dinosaurios, caballos, star wars, y hasta Peppa Pig componen un escenario que comienza con una cocina tranquila, ordenada, hogareña y repleta de vida.

Esa guarda inicial nos sitúa, nos recibe con los brazos abiertos y nos invita a visitar este hogar cargado de realidad: una coliflor y un salmón esperan en la mesa de la cocina, ollas, cacerolas y una cafetera sobre el fuego, tazas y platos, botes de cristal y una hermosa mecedora de las de toda la vida. Calor de hogar y pájaros cantores en la ventana…un escenario idílico si no fuera porque….

Imagen del libro “¡Malacatú!” de María Pascual de la Torre, Editorial A buen paso

Y es que, una vez que hemos pasado la portada, en escena aparece mamá. Cargada con un cepillo de dientes que intuimos no se ha usado y no se tiene intención de usar. En la mano del pequeño la pasta de dientes y en la mirada de los dos el desafío: ¡¿a que no?! ¡¿a que sí?!

Comienza la batalla. Pero no con cualquier conjuro, no. La tradición se abre paso y nos trae sus retahílas y trabalenguas que magistralmente encajan a la perfección en los espeluznantes hechizos con los que se atacan madre e hijo: Plasta, plastable, sipilitable…chancho, chanchijo, sipilitijo…

Los sortilegios causan efecto en el contrincante que pasa a convertirse en un gigante cepillo de dientes la madre y en cerdo enfadado el hijo…¡animal de bellota le ha dicho su madre!


Imagen del libro “¡Malacatú!” de María Pascual de la Torre, Editorial A buen paso

La cocina vive a la vez batallas paralelas protagonizadas por los juguetes; estas que nos darán más que un rato entretenido retrocediendo una y otra vez para ir de una a otra y tiro porque me toca…Me encantan estas obras que tienen tanto detalle de ilustración y que te permiten crear historias paralelas con estos pequeños personajes secundarios.

Pero no solo hay dos focos de atención a los que prestar atención. ¡Son tantos!: por la ventana vemos llegar al padre y vemos también a unos tranquilos pajarillos que van y vienen. Tenemos en la cocina como principal espectador al gato, que pasado un instante de pánico inicial se dedica a sus cosas como suelen hacer normalmente los gatos, dejando por imposibles a los superficiales humanos.

La disposición a página completa y alargada de las ilustraciones nos ayuda a crear esa sensación de espectadores de un escenario. Además, la alternancia de sortilegio mágico en una página y resultado del mismo en otra sin palabras, le da agilidad y ritmo a la historia, un ritmo que no es trepidante sino de una tensa calma que se siente en el ambiente de esa cocina. Da tiempo a recrearse un poco en los detalles, aunque sabemos que volveremos sobre ellos para recrearnos más tranquilamente, porque ahora no podemos dejar de pensar en cuál será el siguiente ataque y en qué se convertirá el contrincante.

Se puede imponer aquí, si se lee el álbum en pareja o grupo, el decantarse por un bando. Ninguno de los dos tiene desperdicio porque cualquiera hemos tenido esa sensación de que a nuestra madre nunca se le escapa ni un piojo y que estás muy harto de ese reojo…pero claro, ese ¡Cuidado! ¡Que te caes! ¡Te caíste!….si es que lo clava. Ya ya, que se me ve la vena de madre, pero es que…..

Hay sonoridad, rimas ingeniosas, agudas, buscando el “meter el dedo en el ojo” del rival, porque están en ese momento de “mira que me tienes frito/a”. Una batalla de palabras, de rimas, de veremos quién dice la más gorda. Dice la autora que a ella se le antoja un rap, una batalla entre raperos. El estilo, lo que se cuenta y el entorno, la situación si que lo recuerdan. Yo (será por la edad) no lo escucho así y me vienen más a la memoria las burlas que inventábamos de pequeños, tanto en las palabras como en las formas. Pero da igual cómo se cuente o se escuche porque cada uno le pondrá lo que sus vivencias le sugieran.

La bola se va haciendo cada vez más grande. Pero es la familia y por mucho ruido que se forme, al final sale el cariño y la sonrisa que todo lo puede y hace que el mundo vuelva a su lugar.

Y al final llegamos de nuevo a la guarda, la que nos permite despedirnos del escenario, ver si todo está igual si han quedado restos de la batalla. Cerramos la puerta tras nosotros con la clara idea de que no vamos a tardar mucho en volverla abrir para buscar las mil y una historias que aún quedan en esa cocina.

Datos bibliográficos

Título: ¡Malacatú!

Autora e ilustradora: María Pascual de la Torre

Edición: A buen paso, Barcelona, 2018. 44 págs.

Edad: + 3 años

Cuentos de así fue

Portada de “Cuentos de así fue” de Rudyard Kipling, adaptados por Elli Woollard, traducidos por Miguel Azaola e ilustrado por Marta Altés. Editado por Blackie Books

¿Cómo consiguió el elefante una trompa tan larga?, y el dromedario ¿Tenía desde siempre su joroba?. ¿Cómo consiguieron los gatos ser tan independientes y libres? Todo tiene su por qué si lo pensamos detenidamente.

Mi opinión

Una de las cosas que más se recuerdan de los hijos cuando son pequeños es la época de los ¿Por qué?. Pueden llegar a sacar de quicio hasta el más santo, sinceramente. Ellos necesitan entender un montón de cosas nuevas que no conocen y tu intentas darle una explicación que ellos entiendan, pero a veces sinceramente no sabes…Siempre he defendido la sinceridad del “no lo se”, porque te humaniza ante sus ojos, te hace de verdad, o al menos eso me parece a mi.

Porque está bien eso de que tus hijos te crean “super”, el más fuerte, el más listo, el que mejor cuenta los cuentos, el que mejor canta y el que mejor hace la sopa de sobre. Pero la verdad es que a veces nos confundimos, nos caemos, lloramos, no sabemos hacer algo o no entendemos de todo. Así es la vida y también se enseña con el ejemplo de ver como superar esos pequeños o grandes baches.

“Cuentos de así fue” Ilustraciones de Marta Altés

Pero no saber contestar a un “¿por qué” puede ser una buena alternativa para dejar volar nuestra y su imaginación para llegar a una respuesta posible…o imposible pero, tan bien contada y argumentada, que podría llegar a ser real.

Aún recuerdo las historias que mi padre se inventaba cuando le asediaba a preguntas sobre cualquier cosa. El ponía esa cara de seriedad forzada que me hacía saber a ciencia cierta que a continuación venía una historieta de las suyas. Y empezaba la magia…

Leyendo estos “Cuentos de así fue” del escritor británico Rudyard Kipling reinventadas en rima por Elli Woollard y traducidas espléndidamente por Miguel Azaola, he recordado en parte esa sensación de escuchar historias locas pero que intentaban dar una explicación coherente a las preguntas.

“Cuentos de así fue” Ilustraciones de Marta Altés

Estas historias son divertidas, imaginativas y nacidas desde el amor, lo que se nota desde el principio a fin. Son, como los editores publican en la contraportada, historias que el autor le contaba a su hija para irse a dormir.

Para aquella niña estas historias eran reales, era la explicación que ella necesitaba para entender su mundo y las quería escuchar siempre de la misma manera, una y otra vez. Claro, que la ventaja es que las contaba el autor de “El libro de la selva”, y su imaginación parecía no tener límites.

Las historias originales te atrapan desde la primera línea. Repeticiones al más puro estilo de los cuentos tradicionales, diálogos desternillantes entre los animales, y explicaciones a los rasgos más característicos de algunos animales realmente originales, brillantes e imaginativas. Todo tiene la coherencia que los niños necesitan y piden. Con una narración ágil, plagada de guiños e interacciones con el lector.

En esta edición reinventada publicada por Blackie Books se suma la rima, que imprime un ritmo en cada historia que las hace ideales para ser contadas a niños desde 5 años o menos.

Las ilustraciones de Marta Altés, autora de “Soy un artista“, “El rey de la casa” o “Pequeña en la jungla“, son el complemento perfecto. Coloridas y divertidas, recrean ese mundo que el autor nos presenta e imprimen en los animales la vida que el autor les dio a través de su historia de transformación.

Un dromedario algo vago, una ballena glotona o un elefante un poco preguntón son algunos de los personajes que vamos a conocer en esta edición de los “Cuentos de así fue“.

Un libro hermoso, que dan ganas de contar en voz alta, de aprender y relatar una y otra vez y que siempre tiene al público entregado, tengan la edad que tengan. Historias que no tienen edad y que gracias a estas revisiones hechas con tanto gusto y cariño, van a seguir de boca en boca, de casa en casa durante años y años.

Datos Bibliográficos

Título: Cuentos de así fue

Autor: Rudyard Kipling

Adaptación: Elli Woollard

Traducción: Miguel Azaola

Ilustración: Marta Altés

Edición: Blackie Books, Barcelona, 2018. 96 págs.

Edad: + 3 años

Una visita de San Nicolás

Portada de “Una visita de San Nicolás” de Clement C. Moore, Ilustraciones de Arthur Rackham y Ilse Bischoff, Editado por Reino de Cordelia. Traducción de Luis Alberto de Cuenca
"Twas the night before Christmas, when all through the house
Not a creature was stirring, not even a mouse."

Estos son los famosos primeros versos del poema “A visit from Sant Nicholas”, un clásico de la literatura anglosajona que se publicó de forma anónima hacia 1823 y que en España publicó en 2013 la editorial Reino de Cordelia bajo el título “Una Visita de San Nicolás”.

¿Pero que hay tan especial en este pequeño librito? La verdad es que para mi ha sido el gran descubrimiento de estas Navidades. Con él los editores de Reino de Cordelia felicitaron las Fiestas de Navidad en 2013 y, además de ser una original forma de felicitación, supuso el comienzo de la nueva colección Snacks de Cordelia.

Pero además, la publicación de “Una visita de San Nicolás” supuso la primera traducción al español en un volumen como este que se ha realizado. Pero además es que la traducción que Luis Alberto de Cuenca ha hecho es de una calidad y una calidez, está hecha con tanto gusto y cuidado que el resultado es una pequeña maravilla.

Al estupendo texto acompañan las ilustraciones de dos grandes ilustradores como fueron Arthur Rackham, conocido como uno de los más famosos ilustradores clásicos de libros infantiles ingleses, y Ilse Bischoff, autora americana, retratista, ilustradora y escritora.

La mezcla de los dos estilos de estos ilustradores resulta muy curiosa y atrayente. Rackham, con ilustraciones clásicas muy coloridas y siluetas a tinta, así como dibujos hechos con pluma, le aporta un toque clásico y muy elegante. Las xilografías coloreadas de Ilse Bischoff, con trazos más sencillos y más actuales, utilizando solo 3 colores, le da un toque divertido y más entrañable.

Pero estas dos visiones tan particulares de San Nicolás nos muestran al fin y al cabo toda la iconografía que ha llegado hasta nuestros días y que el autor, Clement Moore describe a través de sus versos.

En ellos encontraremos por primera vez escrito cómo es el San Nicolás de la tradición europea: un hombrecillo con barba blanca, que fuma una pipa, va vestido de pieles rojas y tiene una constante sonrisa amable en la cara y una gran barriga que se mueve cuando se ríe. Un saco con juguetes a la espalda le acompaña así como sus renos y su trineo.

Y es que la tradición de San Nicolás llegó a América desde Europa a través de las colonias holandesas que se formaron en algunas zonas de Estados Unidos. Allí se celebraba a principios de diciembre la fiesta de Sinterklass, que se transformó al inglés como Santa Claus. Sinteklass, Santa Claus, San Nicolás o Papá Noel tienen su origen en San Nicolás de Bari, Obispo católico que falleció el 6 de diciembre del 343 y del que, a partir de su muerte, surgieron multitud de leyendas e historias atribuyéndole milagros.

Clement C. Moore, escritor y profesor de literatura griega y hebrea, escribió este poema para sus hijos a los que se lo leía en Nochebuena. Un día un amigo suyo decidió enviarlo para su publicación en un periódico de forma anónima. Fue tal la acogida del poema que se publicó en forma de pequeño libro acompañado de ilustraciones, pero siempre de forma anónima. Hasta que en el año 1844 el propio Moore lo incluye en su recopilación de Poemas, atribuyéndose así definitivamente su autoría.

Una preciosidad digna de convertirse en regalo navideño. Lo imagino en una pequeña caja forrada de terciopelo rojo…ahí lo dejo por si alguien tiene aún un hueco en su carta al ser maravilloso al que decida pedirle deseos…eso ya depende de cada cual.

Y con él cada año poder leer la noche antes de Navidad:

Nochebuena en la casa: no hay un sólo rincón
en el que alguien se mueva, ni siquiera un ratón. 
Los calcetines pueblan, pulcros, la chimenea, 
porque San Nicolás venga pronto y los vea. 



Desde Cuentos para Matilda solo nos queda desearos unas muy Felices Navidades y esperamos de corazón que el 2019 sea un gran año para todos.

Datos Bibliográficos

Título: Una Visita de San Nicolás
Autor: Clement C. Moore
Ilustradores: Arthur Rackham e Ilse Bischoff
Traducción: Luis Alberto de Cuenca
Edición: Reino de Cordelia, Madrid, 2013
Edad: + 1 año