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Ciudad laberinto

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Portada de “Ciudad laberinto” de Pedro Mañas, ilustrado por Silvia Socolovski, editado por Faktoría K de Libros

No si os ocurre a vosotros pero a mi a veces me resulta complicado defender mi gusto por vivir en una gran ciudad. Te convences de que tienes multitud de posibilidades de ocio, de cultura, laborales y personales, pero en el fondo lo que queda muchas veces es esa sensación de que la ciudad es un gran monstruo que nos obliga a seguir sus normas y de que en ella siempre te sientes un extraño y un tanto solo.

Pero luego llegas a estos poemas que nos propone Pedro Mañas y te reconcilias un poco con todo y empiezas a fijarte más en lo pequeño, en lo que vive a tu lado, y no darle importancia al conjunto, a la inmensidad del monstruo-ciudad. Como si dentro de una gran ciudad hubiera mini-ciudades en las que la vida en comunidad pacífica, tranquila y colorida no sólo es que es posible, es que es real.

Un poco así me he sentido yo leyendo y disfrutando de algunos de los 30 poemas que Pedro Mañas recogió en este Ciudad laberinto, ganador de la segunda edición del Premio de Poesía para Niños “Ciudad de Orihuela” en 2009

Inicia este poemario con el poema que le da nombre y que, posiblemente,  sea el que más me gusta de todos, seguramente porque conecta de pleno con mis experiencias personales. Leyéndolo veo a mi hijo pequeño, verdadero fan de los mapas, más aún si son de un tesoro pirata, pero que disfruta de igual manera si se trata de un camino para llegar hasta una casa de un ratón o a la cueva de un oso.  Con sus cinco años esta en ese momento en el que un palo es una nave espacial, una piedra un coche de carreras y un papel con cinco rayas el mapa de un tesoro maravilloso.

Los mapas y planos tienen algo de mágico: se muestran ante nosotros como una maraña de líneas y manchas que no tienen mucho sentido, hasta que poco a poco nos van desvelando sus secretos. En el poemario, como si de un mapa se tratara, poco a poco vamos descubriendo detalles de esa ciudad, personas, calles, puestos donde venden cosas, incluso si nos acercamos mucho mucho mucho podemos llegar a ver la historia y viaje de un chicle.

Mañas dice en el poema “Ciudad laberinto”:

He pintado un mapa

sobre la solapa de mi libreta.

[…]

Lo pliego y despliego,

lo arrugo y estiro,

lo pinto y despinto,

lo miro y remiro,

y cada vez veo

un sitio distinto:

ciudad hormiguero,

ciudad telaraña,

ciudad basurero,

¡ciudad laberinto!

ciudad_laberinto2A partir de ahí vamos conociendo distintas facetas de esta ciudad en la que, por ejemplo hay rascacielos o, más bien, “Poema rascacielos”, que deberemos de escalar poco a poco para poder leerlo.

Pedro Mañas nos propone, como en otras ocasiones, juegos con el lenguaje, con las palabras, para que suenen y resuenen, para que nos bailen y nosotros bailemos y juguemos con ellas.

Jugaremos, por ejemplo, con tres ciudacertijos, divertidos y juguetones y que son siempre una apuesta segura entre los niños.

Veremos como la ciudad se transforma con las estaciones del año y como, si pones atención, podrás escuchar una orquesta improvisada en la que el guardia de tráfico hace las veces de director de orquesta.

En esta ciudad laberinto no puede faltar el mercado y sus tenderos. Y ahí aparece este “Se vende todo” con una maravillosa lista de la compra:

Quiero un bote de silencio,

medio litro de tormenta,

cuatro cajas de bueno tiempo

y  un kilo de isla desierta […]

También vemos algo de esa realidad de la que hablaba de las grandes ciudades. En “Los hombres hormiga” Pedro Mañas nos compara con las trabajadoras hormigas que no se salen de su fila y que no se miran ni siquiera para desearse un buen día.

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Sabremos también de aquel hombre sin nombre que nadie conoce, ni en su calle, ni en la plaza. Sabremos que a aquel hombre “Le pasa que nada le pasa // al hombre que vive enfrente // de la puerta // de tu casa”.

El autor ha sabido poner en este plano un poco de todo, como en los buenos planos en los que lo mismo te aparece una estación de metro que una farmacia, un colegio o una parada de autobús, un museo o una clínica veterinaria. Nada le falta a esta Ciudad Laberinto, sus cosas bonitas y las feas, sus momentos de luz y de oscuridad, porque así son las cosas, así son las ciudades.

Datos Bibliográficos

Título: Ciudad Laberinto

Autor: Pedro Mañas

Ilustrador: Silvina Socolovsky

Edición: Faktoría K de Libros, Kalandra, Pontevedra, 2010. 60 pags.

Edad: + 8 años

 

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