Un día perfecto

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Portada de “Un día perfecto” de Danny Parker y Freya Blackwood. Patio Editorial

Tres hermanos pasan “Un día perfecto” en compañía de su gato, rodeados de naturaleza, el mar, el campo, pinturas y objetos sencillos, que les ayudarán a vivir un día emocionante, divertido, apacible, uno de esos días que no tienen nada especial pero que lo tienen todo…un día simplemente perfecto.

Mi opinión

El tiempo que estamos teniendo este mes de octubre no ayuda en nada a olvidar los estupendos días de verano que seguro que hemos pasado. Intentamos volver a la rutina del trabajo y el estudio pero el sol entrando a raudales por la ventana nos llama a gritos. El calor, aún sofocante en algunas horas del día, no ayuda a la concentración, y ni de lejos invita a tener ganas de mantita y quedarse en casa.

Por eso al ver este álbum en librerías y perderme en sus páginas me resultó tan sencillo sentir el tacto de la arena de la playa en los pies y la brisa en la cara. Aún se siente cerca y, sin embargo, ya se añora.

Este álbum ha sido un delicioso descubrimiento. Detrás de unas ilustraciones, que me recuerdan inevitablemente a la gran Helen Oxenbury, nos espera una sencilla historia cargada de sensibilidad y delicadeza.

Tres hermanos pasan un tranquilo día de vacaciones en una casa en el campo. Un sitio idílico, con una playa cerca, con amplios prados por donde pasear, un tiempo maravilloso y una casa con jardín que ya quisiéramos muchos.

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“Al sol de la mañana desayunar. Tranquilamente ponerse a dibujar” Ilustración de Freya Blackwood

Los niños desayunan al sol de la mañana y a continuación se disponen a dibujar: el suelo es su tapíz y tizas de colores les sirven para decorar la entrada de su casa.

El juego continua y es hora de cocinar. Los hermanos más mayores intentan hacer un bizcocho, la pequeña mezcla barro y hojas del jardín para hacer sus ricos pasteles. Colaboran y se ayudan y si algo se nos rompe lo arreglamos con cuidado.

Imágenes cotidianas de niños felices y relajados que transmiten una paz y una armonía  que se echa de menos a veces en la literatura infantil y, cómo no, en nuestra vida diaria.

La ilustradora cuenta en su blog cómo fue el proceso de creación de este hermoso álbum. Es una lectura recomendable en la que veremos fotos familiares en las que se basó para la concepción de las escenas de la obra. La ilustradora nos cuenta, además, cómo surgió la idea del texto por parte del autor, Danny  Parker, cuando su hija le pidió unos lápices de colores y un papel para garabatear. 

Cuando le pidieron ilustrarlo vio en aquellas escenas descritas con textos sencillos y rimados, algunas de las escenas que ella vivía en familia e incluso que había vivido en su infancia. La vida se repite y hay juegos que son atemporales.

Así surgió “Un día perfecto”: una combinación de unos textos sugerentes, sencillos y muy poéticos con las ilustraciones de Freya que consiguen que el álbum haga honor a su nombre original: Perfect.

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“Todo un mundo por explorar. A la sombre de un árbol conversar. Respirar el aire fresco. Compartir algún secreto” Danny Parker con Ilustraciones de Freya Blackwood.

Porque ¿qué más se puede pedir que un riachuelo donde mojarnos los pies descalzos, un tronco por el que hacer equilibrios, mancharnos las manos con harina, huevo y leche para hacer pasteles o leer tranquilamente un cuento acurrucado entre una manta ligera mientras fuera una tormenta de verano refresca el ambiente?.

Momentos normales, felices, llenos de paz, de infancia, de sorpresa y cotidianidad. Reflejo de una infancia maravillosa que todos hemos pasado o hemos soñado con tener, reflejo de lo que nos gustaría que pudieran tener nuestros hijos.

Aún estamos a tiempo de pasear por el campo, de dejarlos trepar por las piedras y jugar a ser aventureros. Podemos pasar una tarde haciendo pasteles, aunque se manche el suelo más de la cuenta. Podemos bajar al patio con unas tizas y pintar un hermoso mural en familia. Y cómo no, podemos siempre, en verano o en invierno, terminar el día acurrucados todos en una cama compartiendo la lectura de un cuento para conseguir que sea un día realmente perfecto.

Datos bibliográficos

Título: Un día perfecto

Autor: Danny Parker

Ilustrador: Freya Blackwood

Edición: Patio Editorial, Barcelona, 2017. 32 pags.

Edad: +4  años

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El niño que dibujaba sirenas

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Portada de “El niño que dibujaba sirenas” de Javier Sobrino e ilustrado por Carole Hénaff, Ediciones  La Fragatina

En el puerto de Ítaca los barcos están amarrados por las tormentas. Los marineros aprovechan para hacer reparaciones en sus barcos y arreglar sus redes. Entre ellos está el padre de Ulises.

Ulises vive con su padre y sus abuelos en Ítaca, en una casa azul. A Ulises le encanta dibujar y siempre que puede dibuja, dibuja y dibuja.

Un día vuelve triste del colegio porque unos niños se han reído de él porque no tiene madre. “¿Dónde está mamá? ¿Por qué se fue?“, le pregunta Ulises a su padre. Pero este no sabe las razones de que se fuera, sólo sabe que cuando Ulises era un bebé su madre se marchó sin dejar rastro: como si se la hubiera tragado el mar.

Las tormentas cesan y los barcos salen de nuevo a faenar. Pero pasados unos días uno de los pesqueros naufraga: es el Odisea, el barco del padre de Ulises.

Mi opinión

Como en las relaciones personales, hay veces que cuando conoces un libro al principio no se produce un flechazo instantáneo. Eso es lo que me ha ocurrido con “El niño que dibujaba sirenas“. Hemos tenido que darnos tiempo para conocernos, para hacernos preguntas y para encontrar ese lugar común donde cimentar nuestra “amistad”.

Hay libros, historias, con las que merece la pena tener ese tiempo de reflexión y acercamiento lento, tranquilo y meditado.

En este libro la ilustración, lo reconozco, ha jugado una parte muy importante en la atracción inicial. Pero es que Carole Hénaff tiene una manera de transmitir muy especial, delicada y elegante. Ya en “Las tres princesas pálidas” me conquistó y reconozco que su trabajo me entusiasma.

Pero además de la ilustración había dos cosas que me atraían mucho de este libro: la referencia a Ulises y a Ítaca y las sirenas. Con ello ya teníamos varios argumentos sobre los que empezar a forjar una sólida amistad y ya sólo han hecho falta algunas lecturas en solitario más y compartir una lectura en voz alta, para terminar de darle forma.

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Y es que esta historia, que juega con los nombres y las referencias a la “Odisea” de Homero, es una bella mezcla entre fantasía, aventura y sentimientos que no puede dejarte indiferente.

Javier Sobrino nos cuenta, a través de un texto sencillo, claro y muy poético en varias ocasiones, la historia de Ulises: un niño que vive con sus abuelos y su padre marinero nada menos que en Ítaca. A Ulises le encanta dibujar; dibuja todo aquello que se le pasa por la mente pero, sobre todo, dibuja el mar y todos los seres que lo habitan.

Ulises empieza a notar con más fuerza la ausencia de su madre a la que no recuerda. Se hace preguntas y se las hace a su padre, pero nunca obtiene respuestas.

Carole Hénaff  es la encargada de hacer presente a otro personaje importante de esta historia: el mar. La ilustradora nos mete de lleno en ese mar desde las guardas del libro. Colores planos pero intensos: azul, verde agua, rosa, rojo…Ilustraciones a sangre que nos inundan la mirada en cada nueva página. Y así nos adentramos en Ítaca junto a Ulises y su familia, y nos perdemos, como el pesquero Odisea, en un mar tormentoso.

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La historia tiene la dosis justa de sentimiento, intensidad y fantasía. Una historia de regresos, como en la de “Odisea” de Homero, de reencuentros impulsados por el amor filial.

Un amor a la familia que está constantemente presente en la historia: amor a sus abuelos, a los que Ulises se abraza con desesperación cuando cree que su padre se ha ahogado en el mar, y amor a sus padres.

Los sueños se entremezclan en la historia y nos van ayudando a introducirnos en la fantasía y el asombro. Una mezcla, la de los hechos fantásticos con los reales, que recuerda al género épico del que procede la “Odisea”.

Esa parte fantástica es lo que hace que la historia sea redonda y pueda llegar a un final cerrado, feliz y sereno. Texto e ilustración la convierten en una historia inolvidable.

Datos bibliográficos

Título: El niño que dibujaba sirenas

Autor: Javier Sobrino

Ilustrador: Carole Hénaff

Edición: La Fragatina, Fraga (Huesca), 2015. 36 pags. Colección Lo Mullarero.

Edad: + 5 años