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La gran fábrica de las palabras

Portada de "La gran fábrica de las palabras" de Agnés de Lestrade y Valeria Docampo. Editado por Sleepyslaps

Portada de “La gran fábrica de las palabras” de Agnés de Lestrade y Valeria Docampo. Editado por Sleepyslaps

Existe un país que tiene una gran fábrica de palabras. En ese país precisamente la gente casi no habla porque, para poder pronunciar las palabras, hay que comprarlas y después tragarlas. La gente, que no tiene en general mucho dinero, ahorra mucho en las palabras que tiene y que pronuncia y sólo hablan en contadas ocasiones. Pero esta en realidad es la historia de Diego, que un día consiguió cazar 3 palabras que salieron por la chimenea de la fábrica. Diego se las quiere regalar a alguien muy especial, su amiga Aura, y aunque sabe que es poco lo que puede decir con aquellas tres palabras, espera que ella entienda todo lo que quieren expresar.

El autor

Agnés de Lestrade nace en Francia en 1964. Es periodista, animadora musical y en artes plásticas y, desde 2003, escribe libros infantiles. Ha publicado cerca de 50 obras de las que en España podemos disfrutar de “La gran fábrica de las palabras” ( Sleepyslaps),  o “La pequeña tejedoras de historias” (Editorial Proteus).

El ilustrador

Valeria Docampo es argentina. Nació en Buenos Aires en 1976. Estudió en la Universidad de Buenos Aires la Licenciatura de Diseño Gráfico y Comunicación audiovisual y desde 2006 se dedica a la ilustración de libros infantiles. En su página personal dice de ella que empezó a dibujar impulsada por el deseo de capturar la poesía que encierran las pequeñas cosas del día a día: la mirada de un niño o de un perro, la forma de las plantas, el sonido de las hojas secas del otoño o el olor del desayuno.

Viendo sus dibujos, tanto los que podemos ver en este álbum como otros que he podido ver en su web personal, se puede apreciar esa poesía de la que habla, esa mirada distinta que esta maravillosa ilustradora tiene y que sabe transmitir a través de sus dibujos.

Mi opinión

Este es un libro especial y por eso espero que las palabras que utilice hoy, verdaderas protagonistas de esta reseña, sean las adecuadas y las justas y que yo sepa, a través de ellas, haceros llegar todo lo que me ha fascinado esta historia.

¿Qué palabras comprarías si no pudieras usar más que unas pocas al día porque no tienes dinero para más? ¿qué palabras son las imprescindibles para tu día a día, qué palabras son las que te hacen sonreír?. Nos paramos poco a pensar en las palabras, en su sonoridad, en lo bellas que pueden quedar unas al lado de otras, incluso cuando su significado real sea de temor o de miedo.

ilustración de Valeria do Campo para "La gran fábrica de las palabras"

ilustración de Valeria do Campo para “La gran fábrica de las palabras”

En el país de la fabrica de palabras hay tiendas de palabras, como una tienda de palabras de verano, otra que vende discursos. Hay una que tiene un cartel donde dice que venden Bienvenidas, palabras dulces, declaraciones y frases hechas. También en aquel país, como en el nuestro, hay una época de rebajas donde puedes comprar las palabras más baratas, aunque algunas no valgan para mucho. Porque ¿qué se puede hacer con una palabra como filodendro?.

Leyendo el cuento de hoy he pensado en jugar a escribir palabras. Os invito a hacerlo y jugar con los niños. Compartir con los demás las palabras que más te gustan, por la razón que sea o sin razón. Algunas de las palabras que he escrito yo son almohadón, imperdible, telaraña, acurrucado, oleaje, zumbido, o siesta. He escrito muchas más, todas en una tira larga de papel, como las que salen de la gran fábrica de palabras, esas que luego cortan en trocitos, uno por palabra, y venden a precio de oro para que la gente pueda decirlas.

Ilustración de Valeria do Campo para "La gran fábrica de las palabras"

“cereza, polvo, silla”

¿Qué cuales son las palabras que consiguió Diego?: cereza, polvo, silla. Cuando cuentas el cuento en voz alta estas palabras suenan como si fueran verdaderas palabras mágicas, como si tuvieran un poder especial. Y realmente para Diego así es, son su tesoro y lo quiere para su gran amor, Aura. Comparadas  con todas las palabras que le puede ofrecer su gran rival, Oscar, estas tres pobres palabras no son casi nada. Juntas no forman una gran frase como “Te quiero con todo mi corazón, ¡oh, mi Aura! Más adelante, lo sé, nos casaremos”.

Pero hay cosas que ni todo el dinero del mundo puede comprar ni puede conseguir igualar. Aura, que ni siquiera tiene palabras que decirle a Diego, le dice todo sin decirle nada.

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 Todo el álbum está lleno de un lenguaje poético, tanto en los textos como en las imágenes, cargadas de simbología. Los niños y la gente más pobre lleva ropa hecha con hojas de cuaderno a rayas. Los trajes de los niños están decorados con dibujos escolares, todos ellos sin palabras. Diego lleva mariposas rojas decorando su chaqueta.

En cambio la gente que tiene dinero lleva abrigos y sombreros decorados con cientos de palabras, incluso en los bolsos.

Todo en el álbum me parece de una enorme belleza: el amor a las palabras, el amor verdadero que no necesita de adornos ni grandes demostraciones, la felicidad de las pequeñas cosas, la ternura del amor infantil y la confianza de Diego para decir sus palabras a pesar de creer que no iba a ser rival para Oscar.

Y cómo no, esas tres palabras de Diego, que guardan toda la belleza del mundo en ellas.

Datos Bibliográficos

Título: La gran fábrica de las palabras

Autor: Agnés de Lestrade

Ilustrador: Valeria do Campo

Edición: Tramuntana Editorial, Girona, 2016

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10 pensamientos en “La gran fábrica de las palabras

  1. Uf!! Ya me has ilusionado el día. Voy a buscar este cuento, en cuanto pueda. La palabra que yo te regalo es la de siempre pero por más que se use nunca se gasta, creo que al revés, se va completando. ¡GRACIAS!
    Besos
    Marisa

  2. Es curioso, no tengo palabras que añadir a tu comentario, Susana. Eso no significa que no haya palabras que siempre nos acompañan, unas más “útiles” que otras, pero todas necesarias: cereza, polvo, silla… No importa su utilidad, lo que importa es el alma que ponemos al decirlas, al menos en esta historia.
    Mi contribución a tu cinta de palabras: papá, luz, rastro, vereda, olvido…

  3. Pingback: Niños de cuento |

  4. Pingback: La máquina de fabricar besos |

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